Cuentos de Amor

El Encuentro Inesperado de Alexander y Arelis

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 7 minutos

Español

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En un pequeño pueblo donde las calles adoquinadas contaban historias de antiguos amores y aventuras, vivían dos jóvenes: Alexander y Arelis. El destino, travieso y juguetón, decidió entrelazar sus caminos de la manera más inesperada.

Era una noche de verano cuando todo comenzó. La plaza del pueblo se había transformado en un colorido escenario para la fiesta anual, con guirnaldas de luces colgando de los árboles y música flotando en el aire. Alexander, un chico de cabello castaño y ojos vivaces, se encontraba entre la multitud, disfrutando del ambiente festivo. Arelis, por otro lado, estaba sentada en un rincón, observando todo con sus ojos grandes y soñadores. Vestía un sencillo vestido que resaltaba su cabello largo y negro.

Cuando sus miradas se cruzaron, algo mágico sucedió. Alexander sintió una curiosidad inmediata por aquella chica de mirada melancólica. Se acercó a ella y, con una sonrisa tímida, le pidió un baile. Arelis, sorprendida, pero emocionada, aceptó. Bailaron bajo las estrellas, moviéndose al ritmo de la música, y en esos breves momentos, el mundo a su alrededor desapareció.

Sin embargo, como todas las fiestas, esta también llegó a su fin. Se despidieron sin promesas de volver a verse, pero ambos sabían que algo especial había sucedido. Arelis, desde esa noche, comenzó a soñar despierta con el chico de la sonrisa amable. Alexander, por su parte, no podía sacarse de la cabeza a la chica de los ojos profundos.

El destino, jugando a ser cupido, hizo que se encontraran de nuevo en otro evento del pueblo. Esta vez, Alexander notó la mirada ilusionada de Arelis. Sin embargo, él desconocía los sentimientos que ella albergaba. Arelis, temerosa de revelar su amor secreto, se limitaba a observarlo desde la distancia, con un corazón lleno de esperanza y un toque de tristeza.

La vida en el pueblo continuaba su curso normal, pero para Arelis, cada día sin ver a Alexander era una eternidad. Su amor en secreto crecía, alimentado por recuerdos y sueños en los que él era el protagonista. Algunas noches, la tristeza de no poder expresar sus sentimientos la llevaba a derramar lágrimas silenciosas.

Por otro lado, Alexander, ajeno a los sentimientos de Arelis, también sentía una conexión especial con ella. En su mente, la imagen de Arelis aparecía constantemente, como una melodía suave que no podía dejar de escuchar. Comenzó a escribir poemas y canciones, inspirado por la chica de la fiesta, sin saber que ella guardaba un amor profundo por él.

El verano dio paso al otoño, y la vida de ambos jóvenes siguió su curso, entre encuentros casuales y miradas furtivas. Arelis, cada vez más enamorada, decidió que era momento de revelar sus sentimientos. Una tarde, armada de valor y un poema que había escrito, se dirigió hacia la casa de Alexander.

Mientras caminaba por las calles empedradas, Arelis repasaba las palabras que había escrito, cada una un pedazo de su corazón expuesto en papel. Al llegar a la casa de Alexander, su corazón latía con fuerza, mezcla de nervios y emoción.

Alexander, al verla, se sorprendió. Arelis, con una voz temblorosa pero firme, comenzó a leer su poema. Cada palabra resonaba con la sinceridad y dulzura de un primer amor. Alexander escuchaba, cautivado por la intensidad de sus palabras, y poco a poco, comenzó a comprender la profundidad de los sentimientos de Arelis.

Al terminar el poema, hubo un silencio lleno de emociones y posibilidades. Alexander, con una sonrisa que reflejaba la calidez de su corazón, tomó la mano de Arelis. Le confesó que, desde la primera vez que bailaron juntos, ella había ocupado un lugar especial en sus pensamientos y que sus poemas eran el reflejo de ese sentimiento.

Arelis, con lágrimas de felicidad en los ojos, se dio cuenta de que su amor no era un sueño imposible. Alexander, el chico que había ocupado sus pensamientos y sueños, compartía sus sentimientos.

Desde ese día, su amor dejó de ser un secreto para convertirse en una hermosa realidad. Paseaban juntos por el pueblo, compartiendo risas y sueños, siendo testigos de cómo su amor florecía con cada día que pasaba.

El amor de Alexander y Arelis se convirtió en una historia que se contaba en el pueblo, un recordatorio de que el amor verdadero puede surgir en los lugares y momentos más inesperados. Aprendieron que el amor, como las flores en primavera, necesita tiempo, paciencia y cuidado para crecer y florecer.

Y así, el amor de Alexander y Arelis perduró, enfrentando juntos los desafíos y disfrutando de cada momento compartido. Se convirtieron en el símbolo del amor verdadero, demostrando que cuando dos corazones están destinados a encontrarse, no hay distancia ni tiempo que pueda impedirlo. Su historia es un canto al amor juvenil, puro y sincero, una historia que seguirá contándose, inspirando a generaciones futuras a creer en la magia del amor.

La primavera trajo consigo una frescura renovada y con ella, la relación de Alexander y Arelis floreció aún más. Paseaban por los campos de flores, donde compartían sus sueños y planes para el futuro. Cada día que pasaban juntos, su conexión se hacía más profunda, construyendo un vínculo basado en la confianza, el respeto y, sobre todo, un amor sincero.

En el pueblo, se convirtieron en un ejemplo de amor adolescente. Su historia inspiraba a otros jóvenes a creer en el amor verdadero, demostrando que los sentimientos puros y genuinos aún existían en un mundo que a menudo parecía olvidarlos.

Un día, mientras caminaban a orillas del río que atravesaba el pueblo, Alexander tomó la mano de Arelis y, con una mirada llena de cariño, le dijo: «Arelis, cada día a tu lado es como vivir en un sueño del que nunca quiero despertar. Me has enseñado lo que es el amor verdadero». Arelis, con lágrimas de alegría en los ojos, respondió: «Alexander, tú eres mi sueño hecho realidad, mi luz en la oscuridad, mi alegría en cada amanecer».

El verano regresó, y con él, el aniversario de su primer encuentro en la fiesta del pueblo. Decidieron celebrarlo en el mismo lugar donde todo había comenzado. La plaza estaba tan colorida y vibrante como aquel primer día, y la música resonaba con la misma melodía que había marcado el inicio de su historia de amor.

Bailaron nuevamente bajo las estrellas, pero esta vez, no como dos extraños, sino como dos almas que se habían encontrado y reconocido en la inmensidad del universo. En ese momento, prometieron amarse y cuidarse siempre, sellando su amor con un beso bajo la luz de la luna.

Con el paso del tiempo, Alexander y Arelis continuaron creciendo juntos. Enfrentaron juntos los retos que la vida les presentaba, siempre apoyándose el uno al otro. Su amor se convirtió en una constante en sus vidas, un faro de esperanza y felicidad.

Años más tarde, ya convertidos en adultos, Alexander y Arelis miraban hacia atrás y recordaban con cariño aquellos días de juventud en los que su amor había comenzado. Habían construido una vida juntos, llena de recuerdos y momentos compartidos. Su amor, que había comenzado como una chispa en una fiesta de pueblo, se había transformado en una llama eterna que iluminaba cada aspecto de sus vidas.

La historia de Alexander y Arelis pasó a ser una leyenda en el pueblo, contada de generación en generación. Los niños escuchaban con asombro y los adultos recordaban con nostalgia, todos inspirados por la historia de amor que había superado el paso del tiempo.

En sus años dorados, sentados juntos en el porche de su casa, mirando el atardecer, Alexander y Arelis sabían que su amor era su mayor logro. Habían demostrado que el amor verdadero no solo existe en cuentos de hadas, sino en la vida real, y que cuando dos corazones están destinados a unirse, nada puede separarlos.

Y así, la historia de Alexander y Arelis quedó tejida en el tapiz del tiempo, un cuento de amor eterno que recordaba a todos que en cada corazón hay una historia esperando ser escrita, un amor esperando ser vivido. Ellos vivieron felices, amándose con la misma intensidad del primer día, hasta el final de sus días.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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