Cuentos de Animales

La Luz Eterna de Lluna

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Español

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Había una vez una perrita muy especial llamada Lluna. Lluna era blanca como la nieve, con un pelito suave y brillante que parecía mágico. Cuando llegó a casa de Sandra, la perrita estaba muy, muy delgadita y parecía un poquito triste. Lluna había tenido días difíciles antes de llegar, por eso estaba tan pequeña y necesitaba mucho amor y cuidado.

Sandra, una niña dulce y cariñosa, vio a Lluna y supo que debía ayudarla. La abrazó con mucho cariño, le dio comidita rica y calentita, y la cuidó como si fuera su mejor amiga. Sandra le hablaba bajito y le cantaba canciones felices para que Lluna se sintiera segura y querida. Poco a poco, el corazón de Lluna empezó a latir con más fuerza y su cuerpo se fue llenando de energía.

Sandra y Lluna se hicieron inseparables. Juntas daban paseos por el parque, jugaban con la pelota y se reían mucho. Lluna siempre seguía a Sandra, moviendo la cola con alegría y mostrando que estaba muy feliz. Era una amistad tan bonita que parecía que nada podría separarlas. Sandra le contaba a Lluna sus secretos y sueños, y Lluna escuchaba con sus ojitos brillantes, como si entendiera cada palabra.

Con el tiempo, Lluna creció fuerte y su pelito blanco brillaba bajo el sol. Pero un día, Lluna empezó a estar muy quieta y cansada. Sandra notó que la perrita no jugaba tanto y estaba más calladita. Esa noche, Lluna se durmió para siempre, dejando a Sandra con un corazón muy triste y un gran vacío en su alma. Sandra lloró mucho porque extrañaba a su amiga, la que cuidó y amó con todo su corazón. La pena dentro de ella era tan grande que parecía que nunca se iría.

Cada noche, cuando llegaba la hora de la luna, Sandra miraba hacia el cielo y veía aquella luz blanca y hermosa que iluminaba la ciudad. La luna la hacía sentir cerca de Lluna, como si su perrita estuviera allí, vigilándola y enviándole amor desde lo alto. Esa luz suave y cálida le recordaba que siempre cuidaría a Lluna, en sus recuerdos y en su corazón, para siempre.

Sandra aprendió que aunque sus amigos se vayan, el amor nunca desaparece. Lluna seguía viva en sus sueños y en cada rayo de luna que alumbraba su ventana. Así, Sandra supo que la amistad y el cariño son luces que nunca se apagan, brillan eternamente y hacen que el corazón siga latiendo con esperanza y alegría, incluso en los momentos más tristes.

Y así, cada noche, bajo la luz de la luna, Sandra siente que Lluna está a su lado, feliz y contenta, porque el amor verdadero siempre vive en el corazón y en la luz que nunca se apaga.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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