Había una vez, en un colorido bosque lleno de flores y árboles altos, una pequeña coneja llamada Salomé. Salomé era una coneja curiosa y juguetona que siempre estaba lista para descubrir cosas nuevas. Todos los días, Salomé brincaba de un lado a otro, haciendo nuevos amigos y explorando cada rincón de su hogar.
Un soleado día de primavera, mientras Salomé daba saltitos entre las flores, se encontró con un viejo y sabio tortuga llamado Don Teodoro. Don Teodoro era conocido en el bosque por sus historias mágicas y su gran conocimiento sobre la naturaleza. Salomé se acercó emocionada y le dijo:
—¡Hola, Don Teodoro! ¿Qué historias tienes para contar hoy?
Don Teodoro sonrió y le respondió:
—Hola, Salomé. Hoy quiero hablarte sobre la importancia de cuidar nuestro hogar, el bosque. Cada planta, cada animal y cada rincón necesita nuestra ayuda.
Salomé frunció un poco el ceño, ya que no entendía muy bien a qué se refería Don Teodoro. Así que le preguntó:
—¿Cuidar el bosque? ¿Pero cómo puedo hacer eso?
El viejo tortuga decidió que era el momento perfecto para enseñarle sobre la responsabilidad. Así que le dijo:
—Verás, pequeña. Todo en este bosque vive en armonía. Las plantas nos dan aire fresco, los árboles nos ofrecen sombra, y nosotros, los animales, debemos asegurarnos de cuidarlos. ¿Te gustaría ayudarme a sembrar algunas plantas en el jardín del bosque?
—¡Sí! ¡Me encantaría! —respondió Salomé con entusiasmo.
Don Teodoro sonrió y le llevó a un rincón especial del bosque, donde había un pequeño espacio vacío. Allí, el viejo tortuga comenzó a sacar pequeños semillas de su caparazón.
—Estas son semillas de flores y plantas que harán que nuestro bosque sea aún más hermoso —dijo mientras mostraba las semillas a Salomé—. Pero antes de sembrarlas, necesitamos prepararnos.
—¿Prepararnos? —preguntó Salomé intrigada.
Don Teodoro asintió y continuó:
—Sí. Primero, tenemos que asegurarnos de que el terreno esté limpio. Podemos recoger las piedras y las malas hierbas para que las plantas tengan espacio para crecer.
Salomé se emocionó y comenzó a ayudar a Don Teodoro, recogiendo piedras y malas hierbas. Mientras trabajaban, apareció un pequeño pájaro llamado Pico. Pico era un pajarito amistoso que siempre estaba cantando melodías alegres.
—Hola, Salomé y Don Teodoro —chirrió Pico—. ¿Qué están haciendo?
—Hola, Pico. Estamos preparando este jardín para sembrar nuevas plantas —respondió Salomé.
Pico aleteó con entusiasmo y dijo:
—¡Qué divertido! ¡Yo puedo ayudar también! Puedo volar y buscar más semillas por el bosque.
Don Teodoro sonrió al ver cómo Pico quería ayudar. Así que le dijo:
—Esa es una idea maravillosa, Pico. Pero recuerda que es importante tomar solo lo que necesitamos y no dañar a otras plantas.
Pico asintió y se fue volando en busca de más semillas. Mientras tanto, Salomé y Don Teodoro siguieron limpiando el terreno.
Después de un rato, Pico regresó con más semillas y, juntos, comenzaron a sembrarlas. Salomé cavaba pequeños agujeros en la tierra con sus patas y Don Teodoro colocaba las semillas dentro. Pico, desde su lugar, cantaba canciones alegres para animar el trabajo.
—Este es un gran equipo —dijo Salomé sonriendo—. ¡Estamos haciendo algo hermoso!
Mientras sembraban, un pequeño ciervo llamado Rayito apareció. Rayito era tímido, pero siempre curioso por lo que sucedía a su alrededor.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.