Había una vez, en un escritorio muy ordenado y lleno de cosas brillantes, una computadora llamada Compu. Compu estaba formada por cuatro amigos que trabajaban juntos para que ella pudiera funcionar y hacer muchas cosas divertidas: Monitor, el que mostraba imágenes y videos; Mouse, el pequeñito que ayudaba a apuntar y hacer clic; Teclado, que tenía muchas teclas llenas de letras y números; y CPU, que era como el gran jefe que hacía que todo funcionara en la computadora.
Un día, Compu empezó a pensar algo muy curioso. «¿Y si puedo funcionar sin Mouse?», se preguntó con entusiasmo. «Después de todo, a veces Mouse solo me ayuda a mover la flechita, ¡pero yo puedo hacer muchas cosas con solo las teclas y la pantalla! ¿Para qué necesito a Mouse siempre cerca?»
Así que un poquito traviesa, Compu decidió esconder a Mouse. “Mouse, hoy vas a descansar,” dijo con una voz alegre. Mouse, que era muy cariñoso, no se enojó, solo sonrió y se acomodó detrás del monitor, listo para cuando Compu quisiera jugar de nuevo.
Al principio, todo parecía ir bien. Compu comenzó a usar solo el teclado para escribir y Monitor para mostrar lo que sucedía. Pero pronto, Teclado comenzó a sentirse un poco triste. «Oye, Compu, ¿y yo qué? Sin Mouse, claro, podías usar más mis teclas, pero ahora sólo me aprietas aquí y allá sin cuidado.»
Compu lo miró y dijo: “No te preocupes, Teclado, yo puedo seguir trabajando con solo ustedes dos.” Pero una teclita llamada «A» se tornó triste y dejó de funcionar. “Si no me presionas bien, no aparecerán las letras ‘A’ en la pantalla,” explicó Teclado. Poco después, otra tecla, la “M”, también dejó de funcionar.
Compu estaba confundida. “¿Por qué estas letras no funcionan? ¡Si yo no necesito a Mouse para nada!” dijo preocupada. Entonces la pantalla, Monitor, empezó a hacer un ruido raro y se puso muy oscuro. “¡No prendo!” exclamó Monitor. “¿Cómo puedes funcionar sin mí? Sin imágenes ni colores, sólo hay un espacio negro y triste.”
CPU, que siempre había estado muy callado y trabajando muy duro, miró a Compu y dijo: “Compu, sin Mouse que me dice qué hacer, sin las teclas que me envían las letras y sin Monitor que me muestre el resultado, yo solo no puedo hacer magia. Soy importante, pero siempre necesito a los demás para que funcionemos como un equipo.”
Compu se sentó muy triste en su escritorio. “Pensé que podía hacerlo todo sola. Pero veo que sin cada uno de ustedes, no soy nada. Mouse me ayuda a mover, Teclado me ayuda a escribir, Monitor me muestra todo bonito, y CPU hace que todo funcione. ¡Sin ustedes, no soy completa!”
De repente, la pantalla de Monitor empezó a encenderse lentamente y las teclas “A” y “M” comenzaron a funcionar otra vez. Mouse salió de su escondite y se acercó a Compu con una sonrisa gigante.
“Quiero que volvamos a trabajar juntos, como siempre,” dijo Compu, “esta aventura me enseñó que para ser feliz y hacer cosas divertidas no puedo estar sola, necesito a mis amigos Mouse, Teclado, Monitor y CPU.”
Desde ese día, Compu nunca más quiso trabajar sin ellos. Aprendió que todos son importantes y que cada uno tiene su rol especial que ayuda a hacer grandes cosas cuando están juntos.
Así que Compu y sus amigos siguieron jugando, enseñando y creando historias bonitas en pantallas llenas de colores, y todos en el escritorio eran felices, trabajando en equipo. Por eso, pequeños, recuerden siempre que en los equipos, amigos o familia, cada uno tiene algo especial y juntos pueden lograr cosas maravillosas.
Y así termina la aventura de la computadora que se creyó autosuficiente, pero que descubrió que para brillar necesita de sus amigos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.