Era una tarde soleada, y como de costumbre, Kian, Dante y Jakhor jugaban en la plaza del barrio. Los tres primos, inseparables desde que podían caminar, habían pasado incontables horas en ese lugar, corriendo, saltando y creando historias fantásticas. Kian, con su cabello rubio corto, siempre lideraba las aventuras, inventando mundos imaginarios llenos de magia. Dante, con su cabello castaño y rizado hasta los hombros, era el más creativo, y con frecuencia ideaba las armas y poderes que sus personajes utilizarían. Jakhor, el más pequeño de todos, con su cabello negro y liso, seguía a sus primos a donde fueran, confiando plenamente en ellos.
Pero ese día no sería como los demás.
Mientras corrían cerca del viejo roble en el centro de la plaza, algo extraño sucedió. El aire a su alrededor comenzó a vibrar, y una ligera brisa, que no tenía sentido en una tarde tan tranquila, comenzó a soplar. Kian fue el primero en notarlo.
—¿Sintieron eso? —preguntó, deteniéndose en seco.
Dante frunció el ceño, mirando a su alrededor.
—Sí, pero… ¿qué es?
De repente, entre las raíces del roble, apareció un destello de luz. Era tenue al principio, pero poco a poco fue creciendo en intensidad, hasta que un portal brillante, de colores azules y violetas, se abrió ante ellos.
Jakhor, con los ojos muy abiertos, dio un paso hacia atrás.
—¿Qué es eso?
Kian, siempre valiente, se acercó al portal, fascinado por la energía que emanaba de él.
—No lo sé, pero parece una puerta… ¿una puerta a otro lugar?
Dante, quien había leído suficientes libros de fantasía para saber qué era un portal mágico, dio un paso adelante con una sonrisa.
—Es un portal a otro mundo, seguro —dijo, emocionado—. ¡Debemos atravesarlo!
Kian asintió, y sin pensarlo dos veces, extendió la mano hacia el portal. Al tocar la luz brillante, algo increíble sucedió. Los tres sintieron una oleada de poder recorrer sus cuerpos, como si algo antiguo y profundo despertara dentro de ellos. Entonces, una voz suave y misteriosa, que parecía venir de todas partes y de ninguna, habló:
—Son los elegidos. Desde su nacimiento han sido destinados a proteger el Reino Oculto.
Los tres se miraron, sorprendidos. ¿Los elegidos? ¿Qué significaba eso? Pero antes de que pudieran hacer más preguntas, el portal los envolvió en un resplandor cegador y, en un parpadeo, ya no estaban en la plaza.
Cuando el brillo se desvaneció, se encontraron en un lugar completamente diferente. Un bosque denso y vibrante los rodeaba, lleno de árboles gigantescos cuyas hojas brillaban con una luz tenue. El aire olía a magia, y criaturas extrañas, que nunca antes habían visto, revoloteaban entre las ramas.
—¡Wow! —exclamó Jakhor, maravillado por el paisaje.
Frente a ellos, una figura apareció entre los árboles. Era un hombre mayor, vestido con túnicas antiguas, y llevaba en su mano un bastón de madera retorcida. Su rostro mostraba sabiduría y una amabilidad profunda.
—Bienvenidos, jóvenes elegidos —dijo el hombre con voz tranquila—. Mi nombre es Eldran, y he estado esperando su llegada.
Kian, Dante y Jakhor se quedaron boquiabiertos. ¿Esperando su llegada? ¿Desde cuándo?
—¿Qué significa eso de «elegidos»? —preguntó Dante, siempre curioso.
Eldran sonrió y los invitó a seguirlo mientras caminaba por un sendero cubierto de musgo.
—Hace mucho tiempo, en este mundo mágico, una profecía anunció el nacimiento de tres protectores que, con sus poderes, salvarían nuestro reino de la oscuridad que amenaza con destruirlo. Y esos protectores son ustedes.
Los tres primos se detuvieron en seco.
—¿Nosotros? —repitió Kian, incrédulo—. Pero… somos solo niños.
—Niños con grandes dones —respondió Eldran—. Cada uno de ustedes tiene un poder especial, y esos poderes han estado latentes en su interior desde que nacieron. Ahora, es el momento de que los despierten.
Eldran se volvió hacia Dante primero.
—Dante, el arquero de fuego. Tu puntería nunca falla, y puedes invocar el poder de las llamas con tu arco. Con tu fuego, podrás proteger a tus amigos y derrotar a tus enemigos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.