Había una vez una niña llamada Mariana que vivía en un pequeño pueblo al borde de un bosque encantado. Mariana tenía el cabello rizado y castaño, y siempre llevaba un vestido azul que le daba un aire de alegría y curiosidad. Le encantaba explorar el bosque, jugar con los animales y descubrir nuevos lugares mágicos.
Un día, mientras caminaba por un sendero poco conocido, Mariana vio algo brillante entre los árboles. Se acercó y encontró una esfera flotante que emitía una luz mágica y suave. Fascinada, extendió la mano para tocarla. De repente, en el suelo frente a ella, comenzaron a aparecer letras brillantes que formaron una frase: “Pide un deseo”.
Mariana se quedó sorprendida. Había oído historias sobre objetos mágicos en el bosque, pero nunca había encontrado uno. Pensó en pedir un deseo, pero algo en su interior le dijo que tuviera cuidado. Sin embargo, antes de que pudiera decidirse, escuchó una risa malvada detrás de ella.
Era la bruja Wish, una bruja conocida por sus trucos y engaños. Wish llevaba una túnica oscura y sus ojos brillaban con malicia. “Oh, querida niña, pide un deseo”, dijo la bruja con una sonrisa astuta. “Todo lo que tienes que hacer es desear, y se hará realidad”.
Mariana, aún dudando, se dio cuenta de que la bruja no tenía buenas intenciones. Decidió no pedir ningún deseo. “No, gracias. No quiero pedir nada”, dijo firmemente. La bruja Wish frunció el ceño, molesta porque su plan no había funcionado.
La bruja Wish se acercó más, tratando de convencer a Mariana. “Vamos, pequeña. ¿No quieres un hermoso vestido nuevo? ¿O quizás un pastel delicioso? Todo lo que tienes que hacer es pedirlo”. Pero Mariana no se dejó engañar. “No, no quiero nada”, repitió.
Justo cuando la situación parecía empeorar, apareció un mago bondadoso. Tenía una larga barba blanca y llevaba una túnica verde. Su nombre era Mago, y era conocido por ayudar a los habitantes del bosque. “¡Detente, Wish!” exclamó el mago. “Sabes que no debes engañar a los niños”.
Wish, al ver al mago, retrocedió con una mirada de enojo. “Siempre arruinando mis planes, Mago”, gruñó. El mago se acercó a Mariana y le sonrió amablemente. “No te preocupes, pequeña. Estoy aquí para ayudarte”, le dijo.
El mago Mago levantó su varita y lanzó un hechizo que hizo desaparecer la esfera mágica. “Esta bruja malvada quería robar tu deseo para usarlo en su propio beneficio”, explicó el mago. “Pero no te preocupes, no podrá hacerte daño”.
Wish, furiosa, lanzó un hechizo hacia el mago, pero él lo bloqueó con facilidad. “Wish, ya es suficiente. No puedes seguir engañando a la gente”, dijo el mago con voz firme. Luego, con un movimiento de su varita, lanzó un hechizo que rodeó a la bruja con una luz brillante.
La bruja Wish intentó resistirse, pero el poder del mago era demasiado fuerte. Finalmente, la luz la envolvió por completo y la bruja desapareció, dejando solo un rastro de humo. “Ahora estás a salvo”, dijo el mago a Mariana. “Wish no podrá molestarte más”.
Mariana respiró aliviada. “Gracias, Mago. No sabía qué hacer”. El mago sonrió y le puso una mano en el hombro. “Siempre es importante tener cuidado con lo que deseamos y con quién nos ofrece ayuda”, le dijo. “No todos tienen buenas intenciones”.
Mariana asintió, comprendiendo la lección. “Prometo ser más cuidadosa en el futuro”, dijo. El mago le dio una varita mágica pequeña como regalo. “Esta varita te protegerá siempre que la necesites”, le dijo. “Solo úsala con sabiduría”.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.