Cuentos de Ciencia Ficción

Más allá del espejo de la realidad: un viaje inesperado a un mundo desconocido

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Isaac, Martín y Álvaro eran tres amigos inseparables que vivían en un pequeño barrio lleno de casas coloridas y árboles frondosos. Siempre estaban buscando aventuras y, para ellos, cada día era una nueva oportunidad para descubrir algo increíble. Una tarde, mientras exploraban el antiguo parque que había detrás de la escuela, encontraron un espejo extraño y gigantesco apoyado contra un roble enorme. No parecía un espejo común; su marco estaba tallado con símbolos que ninguno de los tres había visto antes y su superficie brillaba ligeramente con colores cambiantes, como si ocultara un secreto.

Los tres amigos se miraron con curiosidad mientras Paco, su inseparable amigo y compañero de clase, se acercaba a ellos corriendo, respirando agitado. “¡Chicos! ¡Vengan rápido, encontré algo raro en la vieja bodega abandonada del barrio!” dijo, con los ojos llenos de emoción y un poco de temor.

—¿Qué encontraste, Paco? —preguntó Isaac, siempre el más valiente del grupo.

—No lo sé muy bien —respondió Paco—, pero parece algo importante. Cuando toqué esta caja metálica, se abrió y había un pequeño dispositivo que no había visto nunca antes. Tiene botones y luces que parpadean.

Los cuatro amigos corrieron hacia la bodega, un lugar polvoriento y oscuro donde ya casi nadie quería entrar. Mientras avanzaban, Paco sacó de su mochila el aparato misterioso y lo encendió. De repente, el dispositivo emitió un zumbido y una luz azul intensa comenzó a brillar en el aire frente a ellos. En ese instante, el espejo del parque empezó a resplandecer con un brillo más fuerte, y una especie de portal se formó en su superficie.

—¿Eso qué es? —preguntó Martín asombrado.

—Parece un portal a otro mundo —dijo Álvaro, que siempre había leído libros de ciencia ficción y sabía mucho sobre universos paralelos—. Tal vez este dispositivo es la clave para abrirlo o para controlarlo.

Sin pensarlo dos veces, Paco sugirió que un valiente podría atravesar el portal para descubrir qué había al otro lado. Isaac se acercó al espejo con cuidado, mientras los otros tres observaban atentos. Cuando Isaac puso una mano sobre la superficie del espejo, sintió una vibración extraña y una sensación de frío que recorría todo su cuerpo. De repente, sin previo aviso, el portal lo absorbió y desapareció.

—¡Isaac! —gritaron los demás.

El espejo ahora se veía normal, como si nada hubiera pasado. Pero ellos sabían que Isaac estaba atrapado en ese mundo desconocido. El miedo se apoderó de los amigos, pero a la vez sentían la urgencia de ayudarlo. Paco, Martín y Álvaro decidieron entonces preparar todo para cruzar el portal y buscar a Isaac.

Antes de partir, más atentos que nunca, revisaron el dispositivo que había activado el portal. Al manipularlo, Paco presionó algunos botones y apareció en una pequeña pantalla holográfica una figura de una niña que les hablaba en un idioma extraño. Sin embargo, la voz tenía palabras que pudieron entender: “Ayuda”, decía con intensidad.

Siguieron la voz y descubrieron que la niña se llamaba Pepe, y no, no era un niño, sino una niña que vivía en ese mundo paralelo llamado Cygnia. Pepe estaba atrapada también y sola, tratando de encontrar el camino para salir del mundo y regresar a casa.

Cuando finalmente cruzaron el portal, los tres chicos se encontraron en un lugar muy diferente a su barrio. Todo estaba iluminado por una luz púrpura suave y el aire se sentía más denso. Las plantas tenían colores que nadie había visto y en el cielo flotaban naves que parecían hechas de cristales que destellaban bajo una estrella lejana.

Paco, Martín y Álvaro caminaron con cuidado, explorando y llamando a Isaac. Después de un rato, una figura apareció entre los árboles: era Pepe, la niña del holograma, que los miraba con una mezcla de alegría y alivio.

—¡Por fin! —exclamó Pepe—. He estado esperando que alguien viniera a ayudarme. Este mundo no es seguro, y además, estoy tratando de encontrar a un amigo que se perdió en otro sector.

Los chicos rápidamente compartieron lo que había pasado y entendieron que Isaac estaba atrapado en una zona peligrosa llamada “La Zona de Niebla”, donde pocos regresaban y donde el tiempo parecía no pasar.

Pepe afirmó que conocía bien el territorio y que podía guiarlos. Mientras caminaban, Pepe explicó que Cygnia era una dimensión paralela al mundo de ellos, creada por una antigua civilización que experimentó con portales dimensionales y sistemas avanzados de energía. Muchos años atrás, esta civilización desapareció misteriosamente, dejando solo máquinas y dispositivos dispersos que todavía funcionaban como en fantasía. La gente que vivía en Cygnia tampoco entendía del todo cómo regresar, por eso ella estaba atrapada y buscaba una salida.

El grupo marchó por senderos brillantes y puentes flotantes que parecían mantenidos en equilibrio por fuerzas invisibles. De repente, una alerta de peligro se encendió en el dispositivo que Paco todavía tenía, y juntos se adentraron en un bosque de árboles de cristal. Allí escucharon un ruido extraño, mezclado de maquinaria antigua y ciertos murmullos lejanos.

De la neblina apareció una figura con un traje plateado y ojos que brillaban como estrellas. Era Pepe, pero no la verdadera, sino una trampa creada por un sistema de defensa del mundo de Cygnia, que detectaba a los extraños y trataba de atraparlos para proteger sus secretos.

La verdadera Pepe les advirtió justo a tiempo, y entre todos lograron evadir la trampa usando el dispositivo holográfico para confundir a la copia. La carrera continuó y, finalmente, llegaron a un valle donde la “Zona de Niebla” cubría todo con un manto espeso y oscuro.

—Isaac está ahí dentro —dijo Pepe—. Hay que tener mucho cuidado, porque las reglas del tiempo y del espacio se distorsionan. Un minuto puede parecer una hora, o viceversa.

Con mucho valor, los tres chicos junto con Pepe entraron a la niebla. Al principio todo era confuso: luces, sombras y ecos de sus propios pensamientos. Pero escucharon una voz familiar que los llamó.

—¡Chicos! —era Isaac, a lo lejos, atrapado y asustado—. Por aquí, ¡rápido!

Llegaron hasta donde Isaac estaba, atrapado en una especie de jaula invisible hecha de energía pulsante. Pepe tomó el dispositivo y tocó una serie de botones hasta que una luz intensa rodeó la jaula y ésta comenzó a desmontarse.

—Tenía un sistema de seguridad— explicó Pepe—. Este mundo intenta protegerse y a veces atrapa a quien no debe.

Finalmente, Isaac fue liberado y entre abrazos y risas nerviosas por el susto, los cuatro amigos se sintieron más unidos que nunca. Pero todavía quedaba un problema por resolver: encontrar la manera de regresar juntos a su mundo.

Pepe les dijo que para salir, debían encontrar “El Núcleo de Luz”, una fuente de energía ubicada en el corazón de Cygnia, que era la que mantenía activo el portal dimensional. Pero para llegar a él, tendrían que atravesar una serie de pruebas que pondrían a prueba su inteligencia, valentía y amistad.

El camino al Núcleo fue largo y lleno de desafíos. Primero llegaron a un campo de cristales que reflejaban mundos alternativos y debían encontrar el reflejo correcto para avanzar. Luego tuvieron que cruzar un puente invisible que solo se hacía visible cuando confiaban completamente los unos en los otros.

En una parada para descansar, Pepe les contó que Cygnia era un lugar donde la realidad se mezclaba con la imaginación y que su civilización antigua consideraba que la amistad y el respeto por el universo eran la clave para vivir en paz. Los portales existían para que entendiéramos que no había un solo mundo, sino muchos posibles, y que el poder siempre estaba en la cooperación.

Cuando llegaron al Núcleo, un gran orbe brillante suspendido en el aire, descubrieron que necesitaban colocar las manos todos juntos sobre él para activar el portal. Lo hicieron y una luz cegadora los envolvió.

De pronto, los cinco niños se encontraron de nuevo en el parque, junto al espejo que ahora estaba apagado y no mostraba más que su reflejo común. Habían viajado a un mundo paralelo, enfrentado peligros y aprendido que la verdadera aventura estaba en la amistad y el trabajo en equipo.

Isaac, Paco, Martín, Álvaro y Pepe se miraron con una sonrisa. Ahora, además de ser amigos de toda la vida, eran amigos del universo, y sabían que ningún portal o mundo desconocido podría separarlos nunca.

La experiencia los había cambiado para siempre, y en sus corazones llevaban una gran lección: a veces lo invisible es real, y lo extraordinario puede estar justo más allá del espejo de la realidad. Desde aquel día, cada vez que pasaban cerca del parque, miraban el espejo con respeto y alegría, sabiendo que un mundo increíble los esperaba, y que mientras estuvieran juntos, ningún misterio sería imposible de resolver.

Así terminó la aventura inesperada, pero apenas comenzaban a descubrir las infinitas posibilidades del cosmos y la magia de la solidaridad y la amistad.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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