Había una vez, en un país lleno de montañas y volcanes, una hermosa volcana llamada Mama Tungurahua. Ella era muy grande y bonita, y muchos volcanes querían ser sus amigos. Mama Tungurahua tenía faldas verdes y un pico alto del que a veces salían nubes de humo y fuego. Cuando esto sucedía, era porque ella se ponía celosa de su esposo, Taita Chimborazo.
Taita Chimborazo era el volcán más alto y majestuoso de todos. Las nubes lo admiraban y hasta la lluvia le coqueteaba. La nieve lo cubría con gusto, y eso hacía que Mama Tungurahua se sintiera celosa. «¿Por qué todos quieren a Taita Chimborazo?» pensaba ella, mientras soltaba un poco de humo.
Hace muchos años, Taita Chimborazo tuvo que luchar contra los volcanes más altos y valientes para ganarse el amor de Mama Tungurahua. «Si te casas conmigo, te daré el agua de mis lagunas,» decía un volcán. «Si me prefieres a mí, te daré el verdor de mis faldas,» decía otro. Todos los volcanes le hacían promesas bonitas.
Mama Tungurahua se sentía como una reina. «¡Soy la montaña más linda y verde de toda la serranía!», pensaba. Hasta que un día, escuchó un ruido muy fuerte. Miró y vio un volcán alto, cubierto con un poncho blanco y brillante. Ese volcán era Taita Chimborazo.
Taita Chimborazo se acercó a Mama Tungurahua y le dijo: «Querida Mama Tungurahua, he venido a pedirte que seas mi esposa. Te prometo cuidar de ti y de nuestros hijos volcanes. Juntos, seremos los guardianes de estas tierras.» Mama Tungurahua se sintió muy especial y aceptó casarse con Taita Chimborazo.
Desde ese día, Taita Chimborazo y Mama Tungurahua vivieron juntos, felices y enamorados. Pero de vez en cuando, Mama Tungurahua se ponía celosa al ver cómo todos admiraban a Taita Chimborazo. «Siempre están mirando a Taita Chimborazo,» pensaba, y soltaba un poco de humo.
Un día, Taita Chimborazo le dijo a Mama Tungurahua: «Querida, no tienes por qué estar celosa. Tú eres igual de especial y todos te quieren mucho. Además, juntos somos más fuertes y podemos proteger mejor estas tierras.»
Mama Tungurahua se sintió mejor al escuchar a Taita Chimborazo. Se dio cuenta de que no tenía que competir con él, porque ambos eran importantes y únicos a su manera. Así que decidió que cada vez que se sintiera celosa, en lugar de soltar humo, mostraría su belleza verde y frondosa.
Poco a poco, los demás volcanes y montañas empezaron a notar el cambio en Mama Tungurahua. Ella ya no soltaba humo y fuego, sino que mostraba su hermosa falda verde. Las flores comenzaron a crecer en sus faldas y los animales venían a vivir cerca de ella.
Los demás volcanes y montañas empezaron a admirar a Mama Tungurahua no solo por su belleza, sino también por su fuerza y bondad. Todos querían ser sus amigos y aprender de ella.
Un día, Mama Tungurahua y Taita Chimborazo decidieron organizar una gran fiesta para todos los volcanes y montañas. Invitaron a todos y les dijeron que trajeran algo especial para compartir. Fue una fiesta maravillosa, llena de risas y alegría. Todos bailaron y cantaron juntos, y se dieron cuenta de lo importante que era vivir en armonía y cuidarse unos a otros.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.