Cuentos de Fantasía

El día que Alejandra descubrió el poder de un pedo

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era un día soleado en el pequeño pueblo de Arbolito, donde vivían Alejandra, su mamá, su papá y su hermana Anyeline. Las flores en el jardín florecían con colores vibrantes, y el canto de los pájaros llenaba el aire con melodías alegres. Aquel día, Alejandra había decidido que quería explorar el bosque que se extendía más allá del parque, un lugar que siempre había despertado su curiosidad.

«Mamá, ¿puedo ir al bosque?», preguntó Alejandra, con sus ojos grandes y brillantes.

Su mamá sonrió y le dijo: «Claro, pero asegúrate de llevar a tu hermana y de no aventurarte demasiado lejos.»

Anyeline, que estaba jugando con su muñeco en la sala, se levantó emocionada. «¡Yo quiero ir también! ¡Quizás encontremos un tesoro escondido!», exclamó.

Y así, con el permiso de sus padres, las dos hermanas se prepararon con un par de galletas y una botella de agua, y se dirigieron al bosque. Mientras caminaban, el viento suavemente movía las hojas, y las ramas parecían susurrar secretos que solo el bosque conocía. De repente, Alejandra se detuvo al ver algo extraño. Un pequeño claro se encontraba delante de ellas, rodeado de árboles que parecían abrazarse entre sí.

«¿Ves eso, Anyeline?», preguntó Alejandra, señalando un círculo resplandeciente en el centro del claro. «Parece mágico.»

Las dos se acercaron con cautela y se dieron cuenta de que el círculo estaba lleno de colores que danzaban como si tuvieran vida propia. Sin pensarlo dos veces, Alejandra extendió su mano para tocarlo. En el momento en que sus dedos rozaron el círculo, sintió una especie de electricidad recorrer su cuerpo. De repente, una figura apareció en medio del claro: era un pequeño duende con orejas puntiagudas y una sonrisa traviesa.

«Hola, pequeñas aventureras», dijo el duende con una voz melodiosa. «Soy Fizz, el guardián de este mágico lugar. ¿Cómo han llegado hasta aquí?»

Anyeline, fascinada, contestó: «¡Exploramos el bosque! Y encontramos este círculo brillante.»

Fizz sonrió aún más. «¡Qué bien! Aquí, en este claro, se conjuran poderes mágicos. Pero hay que tener cuidado, pues no todo lo que brilla es oro. ¿Qué les gustaría saber de la magia?»

Alejandra, sintiéndose valiente, preguntó: «¿Podemos aprender a hacer magia?»

Fizz se rió, su risa era como una melodía alegre. «Por supuesto, pero cada magia tiene un precio. La magia más poderosa viene también con desafíos. Solo quienes demuestran valor y creatividad pueden obtenerla. Así que les propongo un reto.»

Las hermanas se miraron emocionadas. «¡Aceptamos el reto!», gritaron al unísono.

Fizz, con un movimiento de su mano, hizo aparecer un pequeño objeto en el aire: era un globo, pero no uno común y corriente. «Este es un globo mágico. Cada vez que lo toquen, podrán crear una pequeña magia. Pero tengan cuidado: cada magia debe ser utilizada sabiamente. Por ejemplo, si desean volar, deben hacerlo con la intención de ayudar a alguien. Si quieren hacer reír, deben recordar que la risa trae alegría, pero también puede ser tun secreto. ¿Comprenden?».

Ambas asintieron. «Sí, Fizz, lo entendemos», dijeron al unísono.

El duende les dio el globo mágico y les dijo que regresaran al claro cuando quisieran aprender más. Las hermanas, felices, jugaron con el globo, creando pequeñas maravillas: flores que crecían al instante, melodías que llenaban el aire y burbujas llenas de colores que danzaban en el cielo.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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