Cuentos de Fantasía

El Misterio de Jackwise en la Caja

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Era una noche especial, una de esas noches en las que el cielo brillaba lleno de estrellas, como si todo el universo estuviera despierto y observando. Ashley, una niña de seis años, se acurrucó en su cama, abrazando su almohada mientras miraba por la ventana. Siempre había sido una niña solitaria. En su pequeño pueblo, no había muchos niños de su edad, y aunque amaba a su familia, sentía que algo le faltaba. Quería un amigo, alguien con quien pudiera jugar, reír y compartir sus sueños. Esa noche, decidió hacer algo que nunca había intentado antes: pedir un deseo a las estrellas.

—Quisiera tener un amigo —susurró con los ojos cerrados—. Un amigo con quien jugar siempre.

Con ese pensamiento en su mente, se quedó dormida, esperando que tal vez, solo tal vez, las estrellas la escucharan.

A la mañana siguiente, algo extraño sucedió. Cuando Ashley se despertó, encontró una caja al pie de su cama. No era una caja cualquiera, era una caja de madera hermosa, decorada con colores brillantes y alegres estampados de payasos sonrientes. En el centro de la caja había una etiqueta que decía: «Para Ashley», y justo debajo, grabado en la madera, se leía un texto: «Jackwise in a box».

Ashley nunca había recibido un regalo sorpresa como ese, y la emoción la invadió. Con sus manos temblorosas de entusiasmo, agarró la manivela metálica en un costado de la caja y comenzó a girarla. Al hacerlo, una melodía suave y peculiar empezó a sonar: «Pop Goes The Weasel», una canción que parecía salir de algún lugar muy lejano. Cuando la melodía alcanzó su punto culminante, la tapa de la caja se abrió de golpe, y una nube de humo de colores y confeti voló por el aire.

Ashley se quedó maravillada al ver lo que había salido de la caja. Frente a ella apareció un payaso esbelto y multicolor, con el cabello rojo brillante, una nariz de arcoíris y plumas cian y blancas adornando sus hombros. Sus brazos largos casi llegaban al suelo, y una sonrisa cálida y amistosa iluminaba su rostro.

—¡Hola, Ashley! —dijo el payaso con una voz juguetona—. Soy Jackwise, tu nuevo amigo. ¡Y juntos vamos a vivir muchas aventuras!

Ashley, fascinada, no podía creer lo que veía. Había pedido un amigo, y ahora, ahí estaba, justo frente a ella. Jackwise parecía mágico, diferente a cualquier otra cosa que hubiera visto antes. Era alegre, juguetón y encantador. Desde ese momento, Ashley supo que había encontrado a alguien especial.

—¿Tú eres real? —preguntó Ashley con timidez.

—Tan real como tú quieras que sea —respondió Jackwise con una sonrisa divertida—. Estoy aquí para jugar contigo y hacer lo que más te guste. ¿Qué te gustaría hacer primero?

Sin pensarlo dos veces, Ashley respondió:

—¡Quiero que me cuentes una historia!

Y así fue como Jackwise comenzó a contarle una historia tras otra. Historias de mundos fantásticos llenos de criaturas maravillosas, aventuras en las estrellas y reinos mágicos donde todo era posible. A medida que pasaban los días, Ashley y Jackwise se convirtieron en compañeros inseparables. Jugaban durante horas, inventaban juegos nuevos y exploraban lugares mágicos dentro de la caja, que parecía contener un universo infinito en su interior.

Una tarde, después de haber jugado sin parar, Jackwise le propuso algo a Ashley.

—¿Te gustaría ver lo que hay dentro de mi caja? —le preguntó con una sonrisa traviesa.

Ashley, siempre curiosa, asintió con entusiasmo. Entonces, Jackwise chasqueó los dedos, y de repente, la caja que siempre había estado en su habitación comenzó a crecer y crecer hasta convertirse en una entrada enorme. Jackwise tomó la mano de Ashley y juntos cruzaron el umbral hacia un mundo completamente nuevo.

El interior de la caja era algo que Ashley nunca hubiera imaginado. No era solo una caja, era un portal a un mundo mágico lleno de colores brillantes, montañas flotantes y ríos que brillaban como si estuvieran hechos de estrellas líquidas. El cielo no era azul, sino una mezcla de tonos violetas y dorados, y criaturas extrañas y adorables volaban por todas partes.

—Bienvenida a mi mundo, Ashley —dijo Jackwise—. Aquí, todo es posible. Podemos volar, nadar entre las nubes o incluso convertirnos en cualquier cosa que deseemos.

Ashley no podía contener su emoción. Todo era tan maravilloso y sorprendente que no sabía por dónde empezar. Sin embargo, lo que más le impresionaba era que todo en ese mundo parecía responder a lo que ella imaginaba. Cuando pensaba en un castillo, un enorme castillo aparecía frente a ellos. Cuando imaginaba una cascada, una brillante cascada de agua plateada surgía a lo lejos.

—Este mundo es tuyo tanto como mío —le explicó Jackwise—. Lo que desees aquí, se hará realidad.

Con esa revelación, Ashley y Jackwise comenzaron a explorar cada rincón de ese mundo fantástico. Recorrieron vastos prados de flores gigantes que cambiaban de color con cada paso que daban, volaron sobre dragones amistosos que los llevaron a las cimas de montañas imposibles, y bucearon en océanos cristalinos donde los peces hablaban y contaban secretos del fondo del mar.

Pasaron lo que parecieron días enteros explorando y jugando, pero el tiempo en ese mundo mágico no parecía seguir las reglas normales. Nunca se cansaban, nunca sentían hambre o sueño. Cada momento estaba lleno de diversión y emoción, y Ashley sentía que nunca querría regresar a su vida normal.

Pero después de un tiempo, algo extraño comenzó a suceder. Jackwise, que siempre había sido tan alegre y juguetón, empezó a comportarse de manera diferente. Su sonrisa ya no parecía tan amigable, y sus ojos, antes llenos de luz, ahora parecían esconder algo más oscuro.

Una tarde, mientras jugaban cerca de un lago brillante, Ashley notó que Jackwise la miraba con una intensidad que nunca había visto antes.

—¿Qué pasa, Jackwise? —preguntó, sintiéndose un poco incómoda.

—Nada —respondió Jackwise, pero su voz sonaba más seria—. Solo estaba pensando… ¿No te gustaría quedarte aquí para siempre?

Ashley se detuvo por un momento. El mundo de Jackwise era hermoso, sí, pero también sabía que tenía una vida fuera de ese lugar. Tenía a su familia, sus libros favoritos, y las pequeñas cosas cotidianas que, aunque no tan emocionantes, le daban felicidad.

—No creo que pueda quedarme aquí para siempre —dijo Ashley con sinceridad—. Tengo que volver a casa en algún momento.

La sonrisa de Jackwise se desvaneció por completo.

—¿Por qué querrías irte? Aquí tienes todo lo que siempre has deseado. Aquí soy tu único amigo, y no necesitas a nadie más.

El tono en la voz de Jackwise se tornaba más inquietante, y Ashley comenzó a sentir una inquietud que no había sentido antes. Algo no estaba bien. A pesar de toda la magia y belleza de ese lugar, ahora parecía tener un tinte oscuro.

Ashley retrocedió un paso, mirando a su alrededor. El cielo, que antes era brillante y colorido, ahora parecía más oscuro, y las criaturas que volaban alrededor no eran tan amigables como antes. Sentía que el mundo de Jackwise estaba cambiando, como si respondiera a las emociones de su extraño amigo.

—Jackwise, creo que es hora de que regrese —dijo con firmeza.

Jackwise la miró fijamente, y por primera vez desde que lo conoció, su sonrisa se torció en una expresión que Ashley no pudo reconocer. Él dio un paso hacia ella.

—No puedes irte, Ashley. Ya no.

El corazón de Ashley comenzó a latir con fuerza. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía escapar? Pero entonces, recordó algo. Todo en ese mundo respondía a sus deseos. Si había entrado en ese lugar imaginando una aventura, tal vez también podría desear una forma de salir.

Con una determinación renovada, cerró los ojos y deseó, con todas sus fuerzas, regresar a su habitación, a su cama, y a la vida que había dejado atrás.

De repente, todo a su alrededor comenzó a desvanecerse. El mundo de Jackwise se desmoronaba, como si fuera un sueño que llegaba a su fin. Podía sentir cómo su cuerpo era arrastrado de vuelta, alejándose del payaso, que ahora gritaba en un tono desesperado.

—¡No puedes irte! ¡Te necesito aquí!

Pero las palabras de Jackwise se desvanecieron junto con el mundo que había creado. Cuando Ashley abrió los ojos, estaba de nuevo en su habitación, acurrucada en su cama, con el sol de la mañana brillando a través de la ventana. La caja, «Jackwise in a box», seguía al pie de su cama, pero ahora estaba cerrada, sin señales de querer abrirse nuevamente.

Ashley suspiró aliviada. Había sido una aventura increíble, pero ahora sabía que no todas las amistades mágicas eran lo que parecían. Con una sonrisa agradecida, se levantó y salió de su habitación, lista para un nuevo día, dejando la caja y a Jackwise atrás.

FIN.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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