Era un día muy raro en el pequeño pueblo de Arcoiris. Luna, una niña curiosa con ojos grandes y brillantes como la luna llena, se levantó esa mañana y, al asomarse por su ventana, se sorprendió mucho. Todo se veía diferente, todo estaba gris y sin vida. ¡Habían desaparecido los colores! El césped ya no era verde, las flores no tenían su rojo, amarillo o azul, y hasta el cielo parecía vestido con un manto gris y sin brillo.
Luna sintió una tristeza enorme en su corazón. «Pero, ¿qué pasó con los colores?», se preguntó en voz alta mientras caminaba hacia el jardín. Miró las flores que normalmente eran tan alegres y hermosas, pero ahora parecían tristes y apagadas. Entonces, decidió que no podía dejar que el mundo siguiera sin colores, ¡tenía que encontrarlos y devolverlos!
Con mucha valentía, Luna salió de su casa buscando pistas. En el camino recogió una hoja marchita que había perdido su verde y recordó que allí antes había sido de un rojo intenso. Luego encontró una pequeña flor que había sido amarilla, y más adelante divisó una piedra que había sido azul como el cielo en un día claro. Luna anotó cada pista en su cuaderno mágico, que siempre llevaba para escribir sus ideas.
Mientras caminaba entre los árboles, Luna escuchó un suave susurro que venía del bosque cercano. Siguiendo el sonido, llegó a un claro donde encontró a Luci, su amiga estrella, una pequeña criatura mágica con alas transparentes que brillaban tenuemente. Luci le sonrió y dijo:
– Luna, los colores no se han perdido. Alguien los ha escondido para que el mundo se vea gris y triste. ¡Tenemos que encontrarlos antes de que sea demasiado tarde!
Juntas, caminaron hacia la montaña que todos llamaban la Montaña Nube, donde decían que vivía el Rey Grisón, un personaje misterioso que nadie había visto mucho. Luna sabía que, si alguien podía explicar la desaparición de los colores, sería él.
Al llegar a la entrada de una gran cueva oscura y fría, Luna sintió un poco de miedo, pero recordó que debía ser valiente. Así que entró con Luci a su lado. Con cada paso, la oscuridad parecía envolverlas más y más.
De repente, en medio de la cueva apareció una figura alta y con una corona gris sobre la cabeza. Era el Rey Grisón. Su rostro era serio y sus ojos eran como piedras grises que no reflejaban alegría.
–¿Qué hacen ustedes aquí? –preguntó el Rey con voz pausada y profunda.
Luna, respirando hondo, se acercó y le preguntó:
–Señor Rey Grisón, ¿qué pasó con los colores? ¿Por qué han desaparecido de nuestro mundo?
El Rey Grisón suspiró y dijo:
–No me gustan los colores. Prefiero que todo sea igual, sin diferencias, sin arcoiris, sin flores brillantes. Cuando todo es gris, nadie se distrae y la vida es tranquila y simple.
Luna frunció el ceño, intentando entender. Entonces le dijo con dulzura:
–Pero Rey Grisón, el mundo es mucho más lindo con colores. Los colores hacen que las flores sonrían, que los niños jueguen felices, que las aves canten animadas. Sin ellos, todo es aburrido y triste.
El Rey Grisón se quedó en silencio, mirando a Luna y a Luci. Por primera vez, alguien le mostraba que había algo más allá de la tranquilidad gris. Lentamente, su expresión cambió y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
–¿Así que los colores son tan importantes? –preguntó, curioso.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.