Elian era un niño de apenas diez años, pero con un linaje que lo hacía destacar entre todos los demás. Era el nieto de Eldric, el mago más poderoso que jamás haya existido en el planeta. Eldric había sido un guerrero temido y respetado, un hombre capaz de derrotar a cualquier enemigo con un simple gesto de su mano. Sin embargo, había dejado atrás esa vida de batallas para dedicarse a enseñar en una escuela de magia, donde era el director. A pesar de su historia llena de hazañas y victorias, Eldric ahora disfrutaba de la tranquilidad y la enseñanza, sin sospechar que algo oscuro se cernía sobre su amado nieto.
Elian vivía con su abuelo en una pequeña cabaña cerca de la escuela. Desde pequeño, había escuchado historias sobre las grandes batallas que su abuelo había librado y cómo había derrotado a incontables enemigos. Para él, Eldric era el ejemplo perfecto de lo que significaba ser un héroe. Sin embargo, en los últimos días, Elian comenzó a tener extraños sueños que lo perturbaban profundamente.
En estos sueños, un hombre alto, de mirada penetrante y oscura, se le aparecía. Este hombre, que se hacía llamar Malachor, le mostraba escenas horribles del pasado de su abuelo. Le hablaba de masacres y sacrificios que Eldric supuestamente había cometido para alcanzar su poder. Las imágenes eran tan vívidas que Elian despertaba en medio de la noche, sudando frío y temblando de miedo.
«Tu abuelo no es quien crees que es,» le susurraba Malachor en los sueños. «Todo lo que sabes es una mentira. Él ha sacrificado a inocentes para obtener su poder, y tú eres el siguiente en la lista. Únete a mí, Elian. Juntos podemos acabar con este falso héroe y traer justicia al mundo.»
Elian se despertaba cada vez más confundido. Amaba a su abuelo, pero las palabras de Malachor se habían arraigado en su mente, sembrando semillas de duda. Durante el día, intentaba ignorar esos pensamientos, diciéndose a sí mismo que solo eran pesadillas, pero en el fondo, comenzaba a preguntarse si había algo de verdad en ellas.
Mientras tanto, Eldric seguía con su vida cotidiana, ajeno a la tormenta que se gestaba en el corazón de su nieto. Era un hombre sabio, pero los años habían hecho que bajara la guardia en cuanto a los peligros que acechaban. En su mente, ya no había enemigos a los que temer, solo alumnos a los que guiar. Sin embargo, el mal no se había desvanecido del todo, y ahora, su antiguo mejor amigo había caído bajo su influencia.
Malachor, quien alguna vez había sido un fiel compañero de Eldric, había sucumbido a las fuerzas oscuras y se había coronado como el Rey Demonio. Había derrotado al anterior líder del mal y ahora controlaba un vasto ejército de criaturas sombrías. Su objetivo no era solo destruir a Eldric, sino también corromper a Elian, sabiendo que el niño tenía el potencial de ser aún más poderoso que su abuelo.
Una noche, mientras Eldric dormía profundamente, Elian decidió buscar respuestas por sí mismo. Tomó su pequeño bastón de madera, un regalo de su abuelo, y salió en silencio de la cabaña. Caminó hasta el borde del bosque cercano, donde Malachor lo esperaba, envuelto en sombras.
«Has venido,» dijo Malachor, sonriendo con satisfacción. «Sabía que al final buscarías la verdad.»
Elian lo miró con determinación. «Quiero saber la verdad. ¿Mi abuelo realmente hizo todo lo que dices?»
Malachor levantó una mano, y una niebla oscura comenzó a formarse a su alrededor. «Te lo mostraré,» dijo, mientras las sombras tomaban forma y recreaban escenas del pasado. «Mira cómo sacrificó a seres inocentes para ganar su poder. Mira cómo destruyó reinos enteros en su búsqueda de conocimiento.»
Elian observó las escenas con horror, pero algo dentro de él se resistía a creerlas por completo. Recordó las enseñanzas de su abuelo, su bondad, y las historias que le había contado sobre la lucha contra el mal. «¿Por qué estás haciendo esto?» preguntó finalmente.
«Porque hay una profecía,» respondió Malachor, acercándose lentamente a Elian. «Una profecía que dice que un joven mago, descendiente del más grande de todos, decidirá el destino del mundo. Puede unirse al mal y gobernar a mi lado, o destruirlo todo. Tú, Elian, eres ese joven.»
Elian sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Las palabras de Malachor eran poderosas, pero en su corazón, aún había duda. «No creo que mi abuelo sea el monstruo que dices,» dijo, aunque su voz temblaba.
«Entonces, estás destinado a destruirnos a todos,» dijo Malachor, su voz llena de veneno. «Pero primero, debes decidir: ¿me acompañarás, o serás mi enemigo?»
Elian respiró hondo, su mente un torbellino de emociones. No podía tomar una decisión en ese momento, pero sabía que debía volver a casa y enfrentar a su abuelo. Sin decir una palabra más, dio media vuelta y corrió de regreso a la cabaña, dejando a Malachor envuelto en sombras.
Cuando llegó, Eldric estaba esperándolo en la puerta, con una expresión seria en su rostro. «Sé lo que has visto, Elian,» dijo con voz suave. «Y sé que estás confundido. Pero debes saber que no todo lo que te han mostrado es verdad.»
Elian lo miró, sus ojos llenos de lágrimas. «¿Es verdad, abuelo? ¿Hiciste todas esas cosas?»
Eldric suspiró y se arrodilló frente a él, colocando una mano en su hombro. «La verdad, Elian, es que en la lucha contra el mal, a veces se toman decisiones difíciles. Pero siempre he luchado por proteger a los inocentes, no por destruirlos. Malachor era mi amigo, pero ha sido consumido por las sombras. Ahora, más que nunca, necesitamos mantenernos unidos.»
Elian lo miró a los ojos, y en ese momento, supo que su abuelo decía la verdad. Las dudas comenzaron a disiparse, y en su lugar, surgió una nueva determinación. Sabía que el camino que tenía por delante sería difícil, pero con su abuelo a su lado, estaba dispuesto a enfrentarlo.
Juntos, abuelo y nieto se prepararon para la batalla final contra Malachor, sabiendo que el destino del mundo dependía de su unión y de su capacidad para superar las mentiras y las sombras que los acechaban.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.