Cuentos de Fantasía

La Sombra de los Recuerdos Perdidos

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Belladonna Cleo despertó en un lugar que no reconocía. A su alrededor, el aire tenía una extraña frescura y el cielo caía en tonos de azul profundo y gris plateado. No había ruidos comunes ni olores habituales; todo parecía suspendido en un silencio misterioso. No entendía cómo había llegado hasta allí, ni por qué el mundo real parecía haberse olvidado de ella. Intentó recordar quién era, pero las imágenes en su mente estaban difusas, como si alguien hubiera borrado partes de su historia.

A su lado, Sirius Winslie, un joven intrépido y valiente, apareció con una sonrisa reconfortante. Sirius había sido su compañero en muchas aventuras, y su presencia le dio un poco de esperanza. «Belladonna, debemos encontrar a Artemis; ella sabe lo que está sucediendo», dijo Sirius mientras se ponía en marcha con determinación.

Pronto encontraron a Artemis Ember, una figura envuelta en un manto que parecía hecho de humo dorado y estrellas fugaces. Artemis era una guardiana de los recuerdos, una de las pocas que habían jurado proteger el equilibrio entre el mundo real y el olvido. Dijo con voz suave pero firme: «Algo está rompiendo las leyes de Umbraria, el reino donde se almacenan los recuerdos olvidados y aquellos que el mundo decidió dejar atrás. Vuestro mundo y este lugar están en peligro».

Belladonna sentía un escalofrío recorrer su espalda; no entendía del todo el significado, pero sabía que debía ayudar. Artemis les explicó que Umbraria no era un simple lugar, sino un vasto tejido de memorias, sentimientos y momentos que mantenían la historia de la humanidad viviente. Sin embargo, una amenaza oscura se cernía sobre él.

«Un antiguo protector del Corazón de la Memoria ha traicionado su juramento. Se llama Arlond Isold», explicó Artemis con gravedad. Belladonna contuvo el aliento al escuchar ese nombre. Arlond era, según las leyendas, quien debía proteger el núcleo donde se guardaban los recuerdos más importantes. Pero ahora utilizaba sus poderes para borrar recuerdos selectivamente, reescribiendo la realidad a su antojo.

Mientras contaban todo esto, una sombra esquiva pasó veloz cerca de ellos, una figura enigmática que parecía reinar sobre el olvido. Nadie sabía quién era, pero su presencia hacía que los suspiros de los recuerdos perdidos quedaran suspendidos en el aire, temblorosos y tristes. Artemis advirtió que para salvar sus mundos, tendrían que enfrentar criaturas hechas de memorias rotas, aquellas que se formaban cuando alguien olvidaba algo importante o cuando un recuerdo se distorsionaba con el tiempo.

El grupo comenzó una travesía fascinante y peligrosa para encontrar el Corazón de la Memoria. Primero atravesaron el Bosque de los Recuerdos Susurrantes, donde las hojas murmuraban historias olvidadas por los humanos, recuerdos que vibraban como ecos suaves. Allí, una criatura de memorias rotas emergió; parecía una figura humana, pero sus brazos y piernas se deshacían en fragmentos brillantes y etéreos. Belladonna y Sirius lucharon con valentía, mientras Artemis usaba su poder para estabilizar el recuerdo roto y convertirlo en un rayo de luz que regresó al bosque. La criatura desapareció y la calma volvió.

Luego llegaron a la Ciudad Congelada, un lugar detenido en un instante del pasado, donde el tiempo no avanzaba y las personas estaban atrapadas en sus propios recuerdos. Ver a esos habitantes detenidos, congelados en una sonrisa o en un llanto, estremeció profundamente a Belladonna. Allí sintió un vacío más fuerte; fue cuando se dio cuenta de que su propia existencia había sido borrada del mundo real. Nadie la recordaba, como si nunca hubiera existido fuera de ese lugar.

Artemis abrazó a Belladonna con ternura. «Debemos descubrir quién te borró y por qué. Tal vez es la clave para detener a Arlond».

A medida que avanzaban, una figura se hacía más evidente: Sirius Isold. Era el hermano perdido de Arlond, quien también había sido protector del Corazón, pero desapareció misteriosamente hace muchos años. Su espíritu vagaba entre la frontera del olvido, guiando o confundiendo al grupo según su voluntad. Al principio desconfiaron de él, pues parecía jugar con las sombras, pero más tarde ayudó a Belladonna a recordar fragmentos de su verdadera historia.

Fue entonces cuando la verdad chocó con la joven: alguien muy cercano a ella, alguien en quien confiaba, había pedido borrar su identidad para protegerla de un destino peor. Su existencia representaba un peligro para equilibrio, pues Arlond quería rehacer la realidad sin que ella estuviera allí para recordar y denunciar.

Finalmente, llegaron al Corazón de la Memoria, un brillante cristal que palpitaba con todas las historias y sentimientos del mundo. Allí los esperaba Arlond, su figura poderosa y amenazante, con ojos tan oscuros como el vacío mismo.

«Este lugar debe cambiar,» dijo con voz firme. «El mundo olvida demasiadas cosas, nosotros podemos rehacerlo. Los recuerdos selectivos forman la verdad, y yo decido cuál debe existir.»

Belladonna dio un paso adelante, con coraje renovado. «No tienes derecho a jugar con el pasado y los recuerdos de todos. Sin el pasado, no existe el presente ni el futuro.»

Artemis, Sirius Winslie, y Sirius Isold se pusieron a su lado. En ese instante, Belladonna tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida: podía recuperar su existencia en el mundo real, volver a ser recordada por todos y tener su lugar entre la gente, o quedarse en Umbraria para proteger el Corazón de la Memoria, asegurando que ninguna memoria jamás desapareciera del equilibrio, aunque eso significara perderse para siempre en el olvido.

Miró a sus amigos, a la ciudad congelada, y a todas las memorias que habían recuperado en su camino. Sentía que su verdadero hogar ahora estaba entre esos recuerdos, y aunque dolía, aceptó la responsabilidad con un suspiro profundo.

«Quiero quedarme aquí,» dijo Belladonna con decisión suave. «Porque el mundo necesita recordar, aunque yo no pueda ser parte de él.»

Artemis asintió orgullosa y posó su mano sobre el Corazón. Una luz cálida se extendió, envolviendo a Belladonna y difundiendo luz por todo Umbraria. Arlond, derrotado, se desvaneció en el vacío, y la sombra que reinaba sobre el olvido huyó, disuelta por el poder restaurador de la verdad y los recuerdos.

Sirius Winslie le sostuvo la mano a Belladonna. «No estarás sola nunca. Aquí somos familia.»

Aunque Belladonna no regresó al mundo real, su sacrificio aseguró que nadie olvidara quiénes fueron, quiénes son y quiénes serían. Umbraria volvió a vivir, uniendo con firmeza el pasado y el futuro en un equilibrio delicado, protegido por ella, la guardiana del recuerdo eterno.

Y así, en ese lugar donde los recuerdos nunca se pierden, Belladonna encontró su verdadero hogar: un reino donde cada historia, por pequeña que fuera, podía brillar para siempre.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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