Cuentos de Humor

La Lección del Bosque: Cómo un Chiguirro Aprendió a Controlar su Ira

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

En un rincón verde y muy alegre del bosque tropical, vivía un chigüiro llamado Chispi. Chispi era un chigüiro con un corazón enorme, pero también tenía un problema: se enojaba muy rápido y a veces no sabía cómo controlar su ira. Cuando algo no salía como él quería, sus ojitos brillaban de enojo y entonces podía hacer cosas que no eran nada buenas ni divertidas.

Muy cerca de allí, en una rama alta de un árbol gigantesco, dormía un Oso Perezoso llamado Beto. Beto era conocido en todo el bosque por ser el ser más tranquilo y calmado, siempre con su sonrisa pausada y su paso lento y relajado. A Beto le encantaba dormir y soñar, y su sueño era tan profundo que casi nada podía despertarlo.

Un día, Chispi estaba especialmente malhumorado porque había perdido una carrera jugando con sus amigos conejos. Su enojo iba creciendo sin control, y decidió que debía sacar toda esa frustración de alguna manera. Paseando por el bosque, vio que Beto dormía tranquilamente colgando de una rama, justo debajo de unas sandías enormes que crecían enredadas en una planta cercana. “¡Ja! Ahora sí, le enviaré un par de estas sandías para que se despierte y vea quién manda aquí”, pensó Chispi.

Sin pensarlo mucho, recogió una sandía grande y pesada, la levantó con esfuerzo, y la lanzó con todas sus fuerzas hacia Beto. La sandía no alcanzó a darle, pero sí hizo un ruido fuerte al chocar en el suelo, lo que despertó al oso perezoso. Beto abrió sus ojos lentamente y vio a Chispi, que ya tenía otra sandía en las manos, con el ceño fruncido y la cara lista para lanzar otra vez. Chispi, sin detenerse, lanzó la segunda sandía, que esta vez sí rozó el hombro de Beto.

—¡Oye, Chispi! —dijo Beto, medio somnoliento pero sin perder la calma—. ¿Por qué me tiras sandías? ¿Acaso crees que eso es divertido?

Chispi, respirando fuerte por el enojo y la carrera para tirar la sandía, respondió:

—¡Porque tú siempre estás durmiendo y no haces nada! ¡Quiero que te despiertes y juegues conmigo!

Beto suspiró profundamente y se colgó de su rama con cuidado para no caerse.

—Chispi, no creo que lanzarme sandías sea la mejor manera de invitarme a jugar. ¿Sabes? Cuando alguien está enojado así, es mejor encontrar formas de calmarse en lugar de molestar a los demás.

Chispi cruzó sus patas y contestó con un gruñido:

—¡Pero no sé cómo calmarme! Cuando me enojo, siento como si me ardiera todo por dentro.

Beto, con una sonrisa tranquila, bajó lentamente de su árbol y se sentó cerca de Chispi.

—Mira, yo también me enojo a veces —dijo Beto—, aunque no lo parezca. Pero aprendí que cuando siento que el enojo me crece, contar hasta diez, respirar profundo o simplemente caminar despacio pueden ayudarme a controlarlo.

Chispi miró a Beto con cara de duda:

—¿De verdad crees que eso funciona? A mí eso me parece muy lento, yo quiero explotar ya.

—Comprendo, pero las explosiones hacen que luego todos se sientan mal, tú también. ¿Recuerdas cómo te sientes después de tirar esas sandías? —preguntó Beto.

Chispi pensó un momento y admitió:

—Me siento cansado y algo triste porque Beto parece molesto conmigo.

Beto asintió amable y le dijo:

—Eso es porque no quieres lastimar a tus amigos, pero a veces tu enojo te juega una mala pasada. ¿Quieres que te enseñe un ejercicio que a mí me ayuda mucho?

Chispi se animó un poco y asintió.

—Vamos a intentarlo —dijo Beto—. Primero, respira profundo por la nariz, aguanta la respiración contando hasta tres, y luego suelta el aire despacito por la boca. Repite eso varias veces y verás que tu pecho se siente más tranquilo.

Chispi intentó seguir las instrucciones. Inhaló profundamente, contando mentalmente uno, dos, tres, y exhaló lentamente. Lo hizo unas cuantas veces y, para sorpresa suya, el calor dentro de su pecho empezó a calmarse.

—¡Vaya! —dijo Chispi con una pequeña sonrisa—. Creo que me siento un poquito mejor.

—¡Claro que sí! Pero también hay que aprender a pensar antes de actuar. Cuando algo te haga enojar, en lugar de soltar todo, detente, respira y piensa qué opción te hará sentir mejor después —explicó Beto con paciencia—. Por ejemplo, si estás molesto con alguien, puedes hablar con respeto para resolverlo o simplemente alejarte un rato a respirar.

Chispi sacudió el pelaje, más calmado y curioso.

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario