Era una noche oscura y ventosa cuando María Patricia, de siete años, se acurrucó en su cama, lista para escuchar uno de los cuentos de su padre. Le encantaban las historias de princesas, pero aún más le fascinaban los cuentos de terror, esos que la hacían sentir un ligero escalofrío antes de dormir. Su papá, Juan, siempre encontraba el equilibrio perfecto entre lo espeluznante y lo divertido, haciendo que las historias fueran emocionantes, pero nunca demasiado aterradoras.
Esa noche, mientras Luna, su pequeña chihuahua, descansaba en la cama, Juan apareció en la puerta con un libro grande y polvoriento que no recordaba haber visto antes. «¿Qué te parece si esta noche leemos algo un poco… diferente?», dijo con una sonrisa traviesa.
María Patricia se incorporó, emocionada. «¡Sí, papá! ¡Quiero algo que me haga temblar!» Juan se sentó junto a ella, abrió el libro y comenzó a leer en voz baja.
«Había una vez, en un reino lejano, un castillo encantado donde vivía una princesa atrapada en un libro mágico…», comenzó. A medida que las palabras salían de sus labios, el ambiente en la habitación cambió. Las luces se atenuaron sin que nadie las hubiera tocado, y Luna, que normalmente dormía tranquilamente, comenzó a ladrar nerviosamente.
María Patricia notó algo extraño: las palabras del libro parecían brillar levemente, y una brisa fría empezó a correr por la habitación, aunque todas las ventanas estaban cerradas. «Papá, esto es raro…», dijo, pero Juan estaba tan inmerso en la lectura que no parecía darse cuenta.
De repente, algo increíble sucedió. Una luz intensa salió del libro, envolviendo a Juan y a María Patricia. Antes de que pudieran reaccionar, fueron absorbidos dentro de las páginas del cuento, como si el libro los hubiera tragado.
Cuando María Patricia abrió los ojos, ya no estaba en su habitación. Se encontraba en un enorme castillo oscuro, con grandes torres y ventanas rotas. «¿Papá? ¿Dónde estamos?», preguntó con un tono de miedo.
Juan miró a su alrededor, tan confundido como ella. «Creo que… estamos dentro del cuento, María Patricia.»
La niña no podía creerlo. «¡Estamos dentro del libro!» exclamó, al mismo tiempo emocionada y aterrada.
Luna, que de alguna manera había sido arrastrada con ellos, se escondió detrás de María Patricia, temblando de miedo. El castillo estaba envuelto en sombras, y en los pasillos se escuchaban ecos inquietantes, como si alguien, o algo, los estuviera observando.
«Tenemos que salir de aquí», dijo Juan, tomando la mano de María Patricia. «Debe haber una forma de volver a casa.»
Mientras caminaban por los fríos pasillos del castillo, encontraron retratos antiguos que los observaban con ojos vacíos. Las velas se encendían solas a medida que avanzaban, iluminando apenas el camino. «Este lugar da miedo…», susurró María Patricia, apretando la mano de su papá con más fuerza.
De repente, un fuerte ruido resonó en el pasillo. «¡Corren hacia nosotros!» gritó María Patricia, señalando hacia una sombra que se movía rápidamente en su dirección. Sin pensarlo dos veces, corrieron por los pasillos, sin saber hacia dónde iban.
Justo cuando pensaban que la sombra los alcanzaría, llegaron a una enorme puerta de madera. La abrieron de golpe y se encontraron en lo que parecía ser una biblioteca gigantesca, con estantes llenos de libros polvorientos. Pero lo más extraño era el espejo gigante en el centro de la sala. Tenía una inscripción grabada que decía: «Solo el verdadero amor puede romper el hechizo.»
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.