Cuentos de Terror

La Bestia y la Reina

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Érase una vez, en un reino lejano y sombrío, un pequeño pueblo llamado Draculia. Este pueblo estaba rodeado por densos bosques oscuros y montañas altas que parecían tocar el cielo. Los habitantes de Draculia vivían en constante miedo, pues el lugar era aterrorizado por una Reina muy malvada y su feroz aliado, conocido simplemente como La Bestia.

La Reina era una figura siniestra. Con su corona oscura y su sonrisa maligna, gobernaba el reino con mano de hierro. Sus ropas negras ondeaban al viento mientras recorría las calles del pueblo, disfrutando del miedo que inspiraba. A su lado siempre estaba La Bestia, una criatura enorme y espeluznante con garras afiladas y ojos que brillaban en la oscuridad. Nadie sabía de dónde había venido La Bestia, solo que seguía las órdenes de la Reina sin cuestionarlas.

Los habitantes de Draculia se refugiaban en sus casas al anochecer, cerrando las ventanas y puertas con doble cerrojo. Temían las visitas nocturnas de La Bestia, que recorría el pueblo buscando a aquellos que se atrevían a desafiar a la Reina. La Bestia era implacable y no mostraba piedad.

Un día, una joven valiente llamada Elena decidió que ya era suficiente. Elena no podía soportar ver a su familia y amigos vivir con tanto miedo. Aunque sabía que la Reina y La Bestia eran peligrosos, estaba determinada a encontrar una manera de liberar a su pueblo de su tiranía.

Elena había oído hablar de un antiguo hechicero que vivía en las profundidades del Bosque de la Sombra. Este hechicero, se decía, poseía conocimientos y poderes capaces de derrotar a cualquier mal. Sin pensarlo dos veces, Elena se preparó para su viaje. Llevaba consigo una linterna, un poco de comida y mucha determinación.

El viaje a través del Bosque de la Sombra fue largo y peligroso. Las sombras parecían moverse y los árboles susurraban advertencias. Pero Elena no se dejó intimidar. Finalmente, después de varios días de caminar, llegó a una cueva iluminada por una luz azulada. Dentro, encontró al hechicero, un hombre anciano con ojos sabios y una larga barba blanca.

El hechicero escuchó la historia de Elena con atención. «La Reina y La Bestia son poderosos,» dijo el hechicero, «pero no invencibles. La clave para derrotarlos reside en el Corazón de la Luz, un cristal mágico escondido en la cima de la Montaña de los Ecos.»

Elena agradeció al hechicero y se dirigió a la Montaña de los Ecos. La subida fue ardua y el clima era implacable, pero su determinación no flaqueó. Al llegar a la cima, encontró el Corazón de la Luz, un cristal que irradiaba una luz pura y brillante. Sabía que con este poder, podría enfrentarse a la Reina y a La Bestia.

De vuelta en Draculia, Elena fue recibida con sorpresa y esperanza. Los habitantes, aunque asustados, decidieron apoyarla en su enfrentamiento contra la Reina. Juntos, se prepararon para la batalla que decidiría el destino del pueblo.

El enfrentamiento tuvo lugar en la plaza central del pueblo. La Reina y La Bestia llegaron, seguros de su victoria. Pero cuando Elena levantó el Corazón de la Luz, la Bestia se detuvo, rugiendo de dolor. La luz del cristal era demasiado fuerte para su oscuridad.

La Reina, furiosa, intentó usar su magia para destruir el cristal, pero Elena estaba protegida por la pureza del Corazón de la Luz. La batalla fue intensa, con rayos de energía y sombras chocando en el aire. Finalmente, Elena logró dirigir un rayo de luz directamente hacia La Bestia, desintegrándola en una nube de polvo oscuro.

Con La Bestia derrotada, la Reina perdió su poder. Los habitantes de Draculia, viendo su oportunidad, la rodearon y la obligaron a rendirse. La Reina, sin su aliado monstruoso, no tuvo más remedio que aceptar su derrota.

Elena, con el Corazón de la Luz en mano, fue aclamada como una heroína. El pueblo de Draculia, libre al fin del terror, comenzó a reconstruir sus vidas. Plantaron flores, repintaron sus casas y volvieron a celebrar festivales en la plaza central.

Elena sabía que el verdadero poder no residía en la magia del Corazón de la Luz, sino en la valentía y la unidad de su pueblo. Guardó el cristal en un lugar seguro, como un recordatorio de que incluso en los tiempos más oscuros, la luz de la esperanza y el coraje siempre prevalecerá.

Y así, Draculia volvió a ser un lugar de paz y felicidad, donde los niños podían jugar en las calles sin miedo y las noches eran tranquilas y serenas. Elena, la joven valiente que se atrevió a enfrentarse a la oscuridad, se convirtió en una leyenda, recordada por generaciones como la salvadora de Draculia.

Fin.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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