Cuentos de Terror

La hora de la desaparición bajo la luz de la media noche

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de grandes árboles y colinas suaves, cinco amigos muy especiales: Julián, Aby, Pedro, Alexander y Sol. Eran niños que les encantaba jugar juntos durante el día, correr por los prados, saltar en los charcos y contar historias maravillosas al atardecer. Pero tenía una pequeña costumbre que a veces les jugaba una mala pasada: no les gustaba ir a dormir temprano.

Un día, después de una fiesta en el parque donde todos jugaron hasta que el sol desapareció, Julián, Aby, Pedro, Alexander y Sol decidieron quedarse despiertos mucho, mucho tiempo. Querían ver las estrellas y contar cuentos hasta que el reloj marcara la medianoche, ese momento que los adultos decían que era una hora mágica y misteriosa.

Mientras los niños estaban despiertos, notaron que todo parecía extraño. El viento susurraba con voces suaves y las sombras de los árboles se alargaban y parecían moverse un poco. «¿Han visto eso?», preguntó Sol con los ojos muy grandes. Pero sus amigos estaban tan entretenidos con las historias y las risas que no le hicieron mucho caso.

De repente, Pedro dijo que quería ir a buscar una linterna para ver mejor el cielo. Caminó hacia la casa, pero cuando volvió, algo había cambiado. No estaba solo. Las estrellas empezaron a brillar con más fuerza y una luz azulada apareció cerca del bosque, justo enfrente del parque.

«¿Qué es esa luz?», preguntó Alexander mientras se acercaba con cuidado. La luz crecía y comenzó a formar figuras que se veían como pequeños duendes y fantasmillas juguetones. Todos se quedaron sorprendidos y un poco asustados, pero la curiosidad pudo más.

De pronto, uno de los fantasmas con una sonrisa muy dulce dijo: «Niños, si siguen despiertos tan tarde, pueden perder algo muy importante: ¡sus amigos pueden desaparecer!”.

«¿Desaparecer? ¿Cómo es eso?», preguntó Aby, arrebatada un poco de miedo en su voz.

Los fantasmas explicaron que había una regla secreta en el mundo: los niños deben dormir antes de la medianoche porque si no, cuando den las doce campanadas, los que estén despiertos serán llevados al mundo de las sombras y sus amigos desaparecerán, dejándolos solos.

Julián miró a sus amigos con los ojos muy abiertos. «¿Y qué pasa si uno de nosotros desaparece?», preguntó con voz temblorosa.

«Si uno desaparece», contestó el pequeño fantasma, «los demás pueden seguirlo o quedarse aquí, pero nadie podrá jugar con ellos hasta que vuelvan a dormir temprano».

Los niños no querían perder a sus amigos. Entonces, Sol propuso buscar una manera de regresar a todos al mundo de los niños despiertos. Pero tenían un problema: la luz azul de la medianoche se hacía más fuerte y el reloj ya se acercaba a la hora mágica.

En ese momento, apareció un personaje que nadie había visto antes: una vieja hada llamada Luminia. Ella tenía el cabello plateado y vestía una capa brillante de estrellas. Luminia les dijo: «He escuchado que necesitan ayuda. Para regresar a sus amigos, deben hacer una promesa: dormir temprano todas las noches, antes de que la medianoche llegue.»

Los niños prometieron sin dudar. Luminia les entregó un pequeño relojito con una manecilla que parpadeaba en colores. «Cada vez que se vayan a dormir temprano, este reloj brillará y protegerá a todos ustedes», explicó el hada.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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