Cuentos de Terror

Las Aventuras en el Bosque de las Sombras

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Andrés, Valeria, Víctor, Carlos y José eran cinco amigos inseparables que vivían en un pequeño pueblo rodeado de montañas y bosques. Sus días estaban llenos de risas y aventuras, explorando cada rincón de su hogar. Sin embargo, había un lugar que siempre había despertado su curiosidad y temor: el Bosque de las Sombras.

El Bosque de las Sombras se encontraba al norte del pueblo y su nombre no era casualidad. Se decía que el bosque estaba embrujado, y que aquellos que se adentraban demasiado en su interior nunca regresaban. A lo largo de los años, muchas historias de desapariciones y sucesos inexplicables habían alimentado la reputación siniestra del lugar.

Una tarde de otoño, mientras el grupo de amigos se reunía en la casa del árbol que habían construido juntos, Andrés sugirió algo que dejó a todos perplejos. «¿Por qué no exploramos el Bosque de las Sombras? Solo un poco, no muy adentro. ¿Qué dicen?»

Los ojos de Valeria se abrieron como platos. «¿Estás loco, Andrés? Todos saben que ese lugar está embrujado.»

Víctor, siempre el más escéptico, se encogió de hombros. «Son solo historias. Además, no tenemos nada mejor que hacer.»

Carlos, el más tímido del grupo, dudó por un momento antes de asentir lentamente. «Si vamos todos juntos, no debería ser tan malo.»

José, el mayor de los cinco, finalmente habló. «De acuerdo, pero solo un poco. Si vemos algo raro, nos damos la vuelta de inmediato.»

Con la decisión tomada, los amigos se prepararon para su aventura. Se aseguraron de llevar linternas, agua y algunas meriendas. Cuando el sol comenzó a ponerse, se dirigieron hacia el Bosque de las Sombras.

El camino al bosque estaba lleno de hojas secas que crujían bajo sus pies. A medida que se acercaban, el aire parecía volverse más frío y denso. La entrada al bosque era oscura y opresiva, como si las sombras mismas les dieran la bienvenida.

«Es ahora o nunca,» murmuró Andrés, tratando de mantener su valentía. Encendieron las linternas y dieron el primer paso dentro del bosque.

El interior del Bosque de las Sombras era aún más inquietante de lo que imaginaban. Los árboles eran altos y retorcidos, sus ramas formaban figuras extrañas y amenazantes a la luz de las linternas. El silencio era abrumador, roto solo por el ocasional susurro del viento entre las hojas.

Mientras caminaban, los amigos comenzaron a notar cosas extrañas. Sombras que parecían moverse por el rabillo del ojo, susurros que no podían identificar, y una sensación constante de ser observados. Pero nadie quería ser el primero en sugerir regresar.

Después de lo que parecieron horas, llegaron a un claro en el bosque. En el centro del claro, había una vieja cabaña de madera, desgastada por el tiempo y la intemperie. «¿Qué es eso?» preguntó Carlos con voz temblorosa.

«Nunca había escuchado sobre una cabaña aquí,» dijo José, frunciendo el ceño. «Quizás deberíamos echar un vistazo.»

La puerta de la cabaña estaba entreabierta, y un leve resplandor se filtraba desde el interior. Con el corazón latiendo con fuerza, los amigos se acercaron cautelosamente y empujaron la puerta.

El interior de la cabaña era pequeño y sombrío. Había muebles viejos cubiertos de polvo y telarañas, y en una esquina, un extraño símbolo estaba tallado en el suelo. Una vela parpadeaba débilmente en una mesa, iluminando un antiguo libro de aspecto siniestro.

«Esto no me gusta,» dijo Valeria, retrocediendo. «Deberíamos irnos.»

Antes de que pudieran moverse, la puerta se cerró de golpe detrás de ellos, haciendo eco en la cabaña. Un viento helado recorrió el lugar, y las sombras en las paredes parecieron cobrar vida.

«¡¿Qué está pasando?!» gritó Víctor, intentando abrir la puerta sin éxito.

De repente, el libro en la mesa comenzó a brillar con una luz antinatural. Las páginas se pasaban solas y una voz gutural emergió del libro, recitando palabras en un idioma desconocido. El símbolo en el suelo comenzó a brillar, y una figura espectral se materializó en el centro de la habitación.

«¿Quién osa perturbar mi descanso?» retumbó la voz. La figura espectral era alta y delgada, con ojos vacíos y una presencia aterradora.

Los amigos retrocedieron, sin saber qué hacer. «¡Lo siento! ¡No queríamos molestar!» gritó Andrés, con la esperanza de calmar al espíritu.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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