Cuentos de Terror

Los Misterios de la Huerta de la Escuela Valle Tranquilo

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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En la pequeña y apacible Escuela Valle Tranquilo, había una vieja huerta que una vez fue la envidia de todas las escuelas cercanas. Sin embargo, con el paso de los años, se había convertido en un terreno descuidado y lleno de leyendas urbanas. Cinco amigos valientes – Bulla, Juliana, Gomez, Gemelo y Litzy – decidieron aventurarse en la huerta para devolverle su antigua gloria y desentrañar sus misterios.

Bulla, el más valiente y líder del grupo, siempre había estado fascinado por las historias de la huerta. «Dicen que el jardinero que la cuidaba desapareció misteriosamente,» contaba con una mezcla de emoción y miedo.

Juliana, conocida por su curiosidad insaciable, no podía esperar para explorar. «¡Imaginen todas las plantas y animales que podríamos encontrar!», exclamó con entusiasmo.

Gomez, el más fuerte y protector del grupo, estaba allí principalmente para asegurarse de que sus amigos estuvieran seguros. Gemelo, llamado así por ser el menor de dos hermanos gemelos, era conocido por su inquietud y su habilidad para encontrar problemas. Litzy, la más inteligente y cautelosa, siempre llevaba consigo su fiel libreta de notas para documentar todo lo que encontraran.

Una tarde, después de la escuela, el grupo se adentró en la huerta. A medida que el sol comenzaba a ponerse, las sombras se alargaban y un escalofrío recorría el aire.

«Bulla, ¿estás seguro de esto?», preguntó Gemelo, mirando nerviosamente a su alrededor.

«No hay nada que temer,» respondió Bulla con confianza, aunque en su interior no estaba tan seguro.

Pronto encontraron un invernadero cubierto de enredaderas y polvo. «Esto tiene que ser una pista,» dijo Juliana, señalando a una puerta parcialmente abierta.

Al entrar, descubrieron filas de plantas marchitas y una atmósfera densa y pesada. En el centro del invernadero, vieron una planta que parecía diferente a las demás; era más grande, con hojas más oscuras y una extraña flor roja en su cima.

«Esta planta no se parece a ninguna que haya visto antes,» dijo Litzy, acercándose con cautela.

De repente, la planta se movió, como si estuviera viva. Los amigos retrocedieron asustados, pero la planta siguió creciendo, sus ramas extendiéndose hacia ellos.

«¡Corran!», gritó Gomez, empujando a los demás hacia la salida.

Escaparon del invernadero justo a tiempo, con la planta siguiéndolos de cerca. Se detuvieron a una distancia segura, jadeando y asustados.

«¿Qué era eso?», preguntó Gemelo, temblando.

«Eso no era normal,» dijo Litzy, mirando el invernadero con una mezcla de miedo y fascinación.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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