Había una vez una niña muy especial llamada Lupita. Lupita era muy inteligente y buena, siempre sonreía y tenía muchos amigos. Sin embargo, a veces Lupita se enfermaba mucho. Cuando esto pasaba, sus orejas se llenaban de mocos y tenía que quedarse en casa y no podía ir al jardín. Esto la ponía muy triste porque extrañaba jugar con sus amigos.
Cada vez que Lupita se enfermaba, tenía que tomar muchos remedios. Su mamá, a quien Lupita llamaba Mamá Agui, le daba lluvia en la nariz para que pudiera respirar mejor. También tenía que respirar nubes mágicas que ayudaban a sacar los mocos de sus orejas. Aunque no le gustaba tomar los remedios, Lupita sabía que eran necesarios para ponerse bien.
Mica, la doctora de Lupita, era muy amable y cariñosa. Siempre encontraba maneras divertidas de que Lupita se sintiera mejor. Un día, Mica le enseñó la canción de las burbujitas. Esta canción ayudaba a Lupita a relajarse y no llorar cuando Mica necesitaba revisarle las orejas.
—Lupita, ¿quieres cantar la canción de las burbujitas conmigo? —le preguntó Mica con una sonrisa.
—¡Sí, Mica! —respondió Lupita, emocionada.
Mientras cantaban la canción de las burbujitas, Mica pudo revisar las orejas de Lupita sin problemas. Mica le explicó que necesitaba tomar una foto de los huesos de su nariz para ver qué tamaño tenían.
—No te preocupes, Lupita. Es solo una foto y no duele nada —le aseguró Mica.
El Papá de Lupita, a quien llamaban Papá Facu, la acompañó a sacarse las fotos. En el hospital, Facu le contó una historia divertida.
—¿Sabes qué, Lupita? Aquí mismo se han sacado fotos de sus huesos Cocomelon, Goofy, Donald, Daisy, Minnie y Mickey.
Lupita no podía creerlo. Le hacía muy feliz saber que sus personajes favoritos también se habían sacado esas fotos. Esto la tranquilizó mucho y se dejó hacer la radiografía sin problemas.
Cuando Mica recibió los resultados, le explicó a Lupita que había que hacer algo más para que sus orejas se curaran por completo. Necesitaba operarse de la garganta y la nariz.
—¿Qué es operarse, Mica? —preguntó Lupita, un poco preocupada.
Mica, con su voz suave, le explicó: —Operarse es cuando los doctores te ayudan a arreglar algo dentro de tu cuerpo. Te duermes y cuando te despiertas, ya está todo mejor. Tu garganta y nariz estarán como nuevas, y ya no tendrás que faltar al jardín.
Mamá Agui y Papá Facu abrazaron a Lupita y le dijeron que todo iba a salir bien. Le prometieron que estarían con ella todo el tiempo y que pronto estaría jugando con sus amigos otra vez.
El día de la operación, Lupita estaba un poco nerviosa, pero recordó las palabras de Mica y la historia que le contó su papá. Mamá Agui le sostuvo la mano y le cantó la canción de las burbujitas mientras se quedaba dormida.
Cuando Lupita despertó, vio a Mamá Agui, Papá Facu y Mica sonriéndole. La operación había salido muy bien y sus orejas y nariz estaban listas para curarse completamente.
Los días siguientes fueron de descanso y cuidados. Mamá Agui preparó sopas deliciosas y Papá Facu le contó más historias divertidas. Mica la visitaba para asegurarse de que todo estaba bien y siempre llevaba algún jueguito mágico para que Lupita se divirtiera mientras se recuperaba.
Pronto, Lupita se sintió mucho mejor. Podía respirar sin problemas y sus orejas ya no se llenaban de mocos. Estaba emocionada de volver al jardín y jugar con sus amigos.
El primer día de regreso al jardín, todos sus amigos la recibieron con abrazos y risas. Lupita estaba muy feliz de estar de vuelta y les contó a todos sobre su aventura y cómo había conocido a Cocomelon, Goofy, Donald, Daisy, Minnie y Mickey en el hospital.
Con el tiempo, Lupita siguió creciendo sana y fuerte. Cada vez que se encontraba con un amigo que tenía miedo de ir al doctor, ella le cantaba la canción de las burbujitas y les contaba cómo los doctores, como Mica, estaban allí para ayudarnos a sentirnos mejor.
La historia de Lupita, Mamá Agui, Papá Facu y Mica se convirtió en una lección de amor, valentía y confianza en que, con el cuidado de nuestra familia y amigos, podemos superar cualquier cosa.
Fin.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.