Tengo un amigo muy original. Se llama Rhenné, una pequeña rana verde que vive en un pantano lleno de juncos, libélulas y flores que flotan en el agua. Rhenné no es una rana común, porque le encanta brincar más que ninguna otra rana en el mundo, y tiene un sueño muy especial: le gusta mirar las estrellas en los charcos, esas pequeñas luces preciosas que se reflejan cuando el cielo está oscuro y la luna ilumina el agua.
Rhenné siempre me invita a su pantano para jugar y observar juntos el cielo. Yo soy Laura, su amiga, y cada tarde corro entre los árboles, cruzo el bosque hasta llegar al lugar donde vive Rhenné. Cuando llego, él ya está esperando, listo para saltar de un lado a otro con sus patas verdes y brillantes. Me dice con una vocecita alegre: “¡Hola, Laura! ¿Quieres saltar y bailar conmigo esta noche bajo las estrellas?”
El pantano es un lugar mágico, muy tranquilo. A veces hacemos carreras saltando sobre las hojas y las piedras, otras veces cantamos juntos con el sonido de los grillos que suenan alrededor. Pero lo que más me gusta es cuando llega la noche, porque Rhenné me enseña a mirar el cielo en los charcos y a bailar con la luna.
Una noche, mientras el sol se escondía y el cielo se llenaba de colores naranja y rosa, Rhenné me llevó a un lugar secreto en medio del pantano. El agua allí era suave y clara, y reflejaba las primeras estrellas que comenzaban a brillar. Rhenné me señaló con sus ojos grandes y brillantes:
“Mira, Laura, cada estrella es un amigo que está allá arriba, y nosotros los podemos bailar siguiendo sus luces”.
Entonces empezó a moverse. Rhenné movía la cintura y los pies, parecía un verdadero rey del baile. “Rhenné, Rhenné, Rhenné, Rhenné,” cantaba mientras saltaba muy alto. “Mueve la cintura, mueve los pies. Rhenné, Rhenné, Rhenné, Rhenné, es el amo de la fiesta y de mi corazón también.”
Me reí tanto que me puse a saltar con él, intentando seguir su ritmo. Rhenné me enseñó a brincar suave como cuando una pluma cae en el agua, y a mover las manos como las hojas cuando las mueve el viento. “Salta, salta, salta como Rhenné, salta, salta, salta y mueve los pies,” me dijo. “¡Salta, salta!, es ‘jump’ en inglés, y significa saltar como tú y yo.”
Mientras saltabamos, la luna salió y nos iluminó como una linterna gigante en el cielo. Más estrellas comenzaron a brillar más fuerte y el pantano se llenó de luz. Rhenné dio vueltas y vueltas, bailó reguetón y cantó rock and roll, hasta que imitó un chachachá gracioso, moviendo su cintura de un lado a otro con mucha alegría.
“Rhenné, Rhenné, Rhenné,” cantó otra vez, y yo me uní. Estábamos haciendo la fiesta más divertida del pantano, y todos los animales parecían escucharnos. Un ratoncito asomó la cabeza curioso, y hasta una luciérnaga se acercó a brillar más fuerte para darnos luz. Yo le conté a Rhenné lo feliz que me sentía bailando con él y observando las estrellas. Él sonrió y me dijo:
“Laura, tú eres mi mejor amiga. Ven al pantano siempre que quieras, porque juntos hacemos que la noche sea mágica.”
Desde ese día, Rhenné y yo bailamos bajo el cielo estrellado cada vez que vamos al pantano. A veces invitamos a otros animales: la tortuga Timotea, que se mueve lento pero le encanta escuchar la música; el sapo Pepe, que no baila muy rápido pero tiene un gran corazón; y la mariposa Lila, que con sus alas de colores da vueltas y más vueltas como si bailara en el aire.
Cada uno tiene su estilo, pero todos aprendemos de Rhenné, porque él es el alma de la fiesta. Nos enseña que no importa cómo bailes, lo importante es disfrutar y ser felices con los amigos. Rhenné mueve la cintura y los pies, y con su canto hace que todos quieran saltar y cantar.
Un día, mientras bailábamos, la luna nos habló con su luz plateada. Parecía decirnos que la verdadera fiesta no está solo en el pantano, sino en el corazón de quienes aman compartir momentos especiales con sus amigos. Rhenné me miró y me dijo bajito:
“Laura, tú y yo somos más que amigos. Somos compañeros de saltos y de sueños, y juntos iluminamos el pantano más oscuro con nuestras risas y bailes.”
Cuentos cortos que te pueden gustar
Un Nuevo Hogar para el Conejo Blanco
La Niña que Pintaba Sonrisas en la Plaza del Tobogán
La Navidad de los Cinco Amigos
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.