Cuentos de Amistad

El Último Día en el Jardín de Infantes

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Vera se despertó esa mañana con una sonrisa muy grande en su rostro. Era un día especial, un día en el que todo lo que había vivido hasta ahora en el jardín de infantes llegaba a su fin. Hoy sería su último día allí, y aunque sentía una pequeña tristeza por tener que decir adiós a sus amigos, también sentía mucha emoción porque sabía que pronto comenzaría una nueva aventura.

Había pasado muchos días en ese jardín, jugando con sus amigos, aprendiendo canciones, pintando y construyendo castillos de arena. Había sido un tiempo lleno de risas, juegos y cosas nuevas por descubrir. Pero ahora todo eso estaba por cambiar, y Vera lo sabía. El próximo año, iría a la escuela primaria, un lugar grande, con nuevos amigos y muchísimas cosas por aprender. Aunque se sentía un poco nerviosa, también se sentía feliz, porque le encantaba aprender.

Esa mañana, Vera se puso su vestido favorito, uno con muchos colores brillantes y flores. Se miró al espejo y, al ver su sonrisa, supo que estaba lista para despedirse del jardín de infantes y abrazar lo que venía. Sus papás la habían despertado con un abrazo grande y le dijeron que hoy sería un día lleno de sorpresas. Vera había soñado con este día, con el final del jardín de infantes, pero también con todas las aventuras que vendrían después.

Cuando llegó al jardín, sus amigos ya estaban allí. Todos estaban un poco nerviosos, pero se veían felices. Vera corrió hacia sus amigos, los abrazó uno por uno y les dijo:

—¡Hoy es el último día! Vamos a disfrutarlo mucho.

Todos rieron y se pusieron a jugar juntos. Jugaban a la rayuela, al escondite, hacían carreras y pintaban dibujos. Los profesores también estaban allí, sonriendo, sabiendo que para muchos de ellos, ese día también era especial.

A lo largo del día, Vera y sus amigos hicieron muchas cosas divertidas. La profesora les dio una sorpresa: cada uno de ellos podía llevarse un dibujo que había hecho en clase. Vera eligió uno que había pintado con muchos colores, con un sol brillante, una luna llena y un arco iris, porque representaba todo lo que amaba del jardín de infantes.

A medida que avanzaba el día, Vera comenzó a pensar en todo lo que había aprendido. Había aprendido a contar, a leer algunas palabras, a cantar canciones sobre los animales y a hacer manualidades. Pero lo que más le gustaba era que había aprendido a compartir, a ayudar a sus amigos y a ser amable con todos. Esas lecciones, pensó Vera, serían útiles para siempre.

Cuando llegó la hora del almuerzo, todos se sentaron alrededor de las mesas, hablando sobre sus planes para el verano y las cosas que harían en la primaria. Algunos decían que irían a la playa, otros que aprenderían a montar en bicicleta. Vera escuchó con atención, pero también estaba pensando en sus propios sueños. Quería seguir aprendiendo y, algún día, convertirse en una gran inventora, una persona que pudiera crear cosas sorprendentes para ayudar a todos.

Al final de la jornada, la profesora les dio una gran sorpresa. Les entregó un diploma a cada uno, como recuerdo del tiempo que habían pasado juntos en el jardín de infantes. Vera miró su diploma con orgullo. Lo sostenía con ambas manos, como si fuera el tesoro más valioso del mundo. Era un símbolo de todo lo que había logrado y de todas las aventuras que había vivido.

Cuando llegó el momento de despedirse, Vera abrazó a sus amigos. Les prometió que se seguirían viendo, que aunque se separaran, siempre serían amigos. Vera les dijo a todos:

—¡Nos vemos pronto! ¡No importa lo que pase, siempre seremos amigos!

A medida que los padres llegaron para recoger a sus hijos, Vera abrazó a su profesora con cariño. Ella le sonrió y le dijo:

—Estoy muy orgullosa de todo lo que has aprendido, Vera. Estoy segura de que harás cosas maravillosas en la primaria. Siempre recuerda que no importa lo grande que se vuelva el mundo, nunca perderás lo más importante: tu corazón y tus ganas de aprender.

Vera salió del jardín de infantes, con su diploma en la mano y una sonrisa en el rostro. Al mirar el jardín por última vez, pensó en todo lo que había vivido allí y en todo lo que le esperaba. Sabía que el próximo año sería muy diferente, con nuevos amigos, nuevas aulas y nuevas lecciones, pero algo dentro de ella le decía que siempre llevaría con ella lo que había aprendido.

Conclusión:

Vera entendió que el fin de una etapa no significa perder lo que más queremos, sino que es solo el principio de nuevas aventuras. Aunque se despedía del jardín de infantes, lo que vivió allí siempre estaría en su corazón. Aprendió que, con cada paso que damos, siempre hay algo nuevo por descubrir, y que nunca dejamos atrás lo que nos hace felices. Porque cada nuevo día es una oportunidad para ser mejor, para aprender y para seguir creciendo.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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