Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas y bosques, dos hermanas que eran inseparables. Keren, la mayor, tenía diez años y era muy valiente. Su cabello largo y marrón siempre estaba trenzado, y le encantaba explorar la naturaleza. Nazaret, la menor, tenía seis años y era muy curiosa. Con su cabello corto y rizado, siempre seguía a Keren a todas partes, confiando plenamente en su hermana mayor.
Un día soleado, mientras paseaban por el campo cercano a su casa, Keren y Nazaret encontraron un sendero nuevo que nunca antes habían visto. Keren miró a Nazaret con una sonrisa traviesa y dijo: «¿Quieres explorar, Nazaret?» La pequeña asintió con entusiasmo, y juntas se adentraron en el sendero desconocido.
El camino estaba rodeado de árboles altos y frondosos, cuyas ramas se mecían suavemente con el viento. A medida que avanzaban, los sonidos del bosque se volvían más intensos: el canto de los pájaros, el susurro de las hojas y el suave murmullo de un arroyo cercano. Keren mantenía a Nazaret cerca, asegurándose de que su hermanita no se perdiera.
Después de caminar un rato, llegaron a un claro donde el sol brillaba intensamente. En el centro del claro había un río cristalino que parecía brillar con una luz propia. Nazaret, con sus ojos llenos de asombro, exclamó: «¡Mira, Keren! ¡Es un río mágico!» Keren sonrió y, con un guiño, dijo: «Vamos a acercarnos más.»
Mientras se acercaban al río, notaron algo extraordinario: pequeños destellos de luz saltaban del agua y se convertían en mariposas de colores. Las mariposas volaban alrededor de las hermanas, creando un espectáculo de luz y color. Keren y Nazaret reían y aplaudían, maravilladas por la belleza que las rodeaba.
De repente, una mariposa más grande y brillante que las demás se posó en el hombro de Keren. Al tocarla, la mariposa comenzó a hablar con una voz suave y melodiosa: «Hola, pequeñas exploradoras. Soy Mariluz, la guardiana del bosque encantado. Han sido elegidas para una misión especial. Deben encontrar la Flor de la Amistad, que se encuentra en el corazón del bosque. Esa flor tiene el poder de fortalecer los lazos de amistad y amor.»
Keren y Nazaret se miraron emocionadas. Sabían que esta aventura sería diferente a cualquier otra que hubieran tenido. Con Mariluz guiándolas, se adentraron más en el bosque. El camino se volvió más desafiante, con plantas enredaderas y caminos empinados, pero Keren siempre estaba allí para ayudar a Nazaret.
Caminaron durante horas, pasando por paisajes increíbles: prados llenos de flores que cantaban al viento, árboles que susurraban historias antiguas y animales que les sonreían al pasar. Finalmente, llegaron a un gran árbol que parecía llegar al cielo. Mariluz les dijo que la Flor de la Amistad estaba en la cima del árbol.
Keren, decidida y valiente, comenzó a escalar el árbol. Nazaret, aunque un poco asustada, no se quedó atrás y siguió a su hermana con determinación. Subieron ramas y más ramas, y a medida que lo hacían, el árbol parecía contarles secretos del bosque y del poder de la amistad.
Finalmente, llegaron a la cima del árbol. Allí, en una rama dorada, estaba la Flor de la Amistad. Era una flor hermosa, con pétalos de todos los colores imaginables, que brillaban con una luz cálida y reconfortante. Keren la tomó con cuidado, y en ese momento, una sensación de amor y felicidad las envolvió a ambas.
Mariluz apareció de nuevo y les dijo: «Han demostrado ser verdaderas amigas y hermanas. La Flor de la Amistad no solo fortalecerá su lazo, sino que también traerá alegría y paz a su pueblo.» Keren y Nazaret bajaron del árbol con la flor en manos, sintiéndose más unidas que nunca.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.