En un rincón del mundo, donde los cielos brillaban con colores nunca vistos y las estrellas parecían estar al alcance de la mano, vivían dos chicas muy especiales llamadas Lia y Yaz. Lia era una joven de cabello largo y fluido, con una mirada gentil y pensativa. Yaz, por otro lado, era valiente y curiosa, siempre con una sonrisa brillante que iluminaba cualquier lugar donde estuviera.
Desde que se conocieron, Lia y Yaz sintieron una conexión especial. Pasaban horas juntas, explorando los rincones más escondidos de su pueblo y compartiendo sueños y secretos. Sin embargo, había algo peculiar en su relación con los demás habitantes. A menudo, la gente las ignoraba, como si fueran invisibles. Al principio, pensaron que era simple coincidencia, pero con el tiempo, se dieron cuenta de que había algo más profundo.
Un día, mientras caminaban por el bosque encantado cerca de su hogar, Yaz miró a Lia con una expresión decidida.
—Lia, necesitamos entender por qué la gente nos ignora. Hay algo extraño en todo esto y creo que debemos descubrir la verdad —dijo Yaz, tomando la mano de Lia.
Lia asintió, sintiendo la misma determinación en su corazón.
—Estoy de acuerdo, Yaz. Vamos a encontrar respuestas y descubrir quiénes somos realmente.
Y así, comenzó su aventura. Decidieron visitar a la anciana Sabina, conocida por su sabiduría y conocimientos sobre lo desconocido. Sabina vivía en una cabaña al borde del bosque, rodeada de plantas mágicas y libros antiguos.
Al llegar, Sabina las recibió con una sonrisa.
—He estado esperando vuestra visita, Lia y Yaz —dijo Sabina—. Sé que tenéis preguntas y estoy aquí para ayudaros.
Las chicas le contaron a Sabina sobre sus experiencias y su deseo de entender por qué eran ignoradas por los demás. Sabina escuchó con atención y luego las condujo a una habitación llena de espejos.
—Estos espejos no son normales —explicó Sabina—. Reflejan no solo el exterior, sino también la esencia de lo que somos. Mirad en ellos y veréis la verdad.
Lia y Yaz se miraron mutuamente y, tomando aire, se acercaron a los espejos. Al mirarse en ellos, vieron algo sorprendente. Sus reflejos no eran los de simples chicas humanas. En sus reflejos, podían ver destellos de luz y sombras que parecían contar historias de otros mundos.
—Sois seres especiales —dijo Sabina—. No pertenecéis completamente a este mundo, y esa es la razón por la que las personas no os toman en cuenta. Pertenecéis a un lugar más allá de lo visible, un reino que existe entre los sueños y la realidad.
Las chicas quedaron asombradas por esta revelación. Sabina les explicó que su verdadero hogar estaba en un reino llamado Lumina, un lugar donde la magia y la realidad se entrelazaban. Decidieron que debían ir allí para comprender plenamente su identidad y propósito.
Con la bendición de Sabina, Lia y Yaz emprendieron un viaje hacia Lumina. El camino no fue fácil. Tuvieron que atravesar bosques oscuros, cruzar ríos embravecidos y superar pruebas que desafiaron su valentía y amor mutuo.
En una de sus aventuras, encontraron una puerta antigua cubierta de enredaderas brillantes. Yaz, con su valentía habitual, empujó la puerta y, al abrirse, reveló un paisaje de ensueño. Lumina era un lugar de colores vibrantes, plantas que susurraban canciones y criaturas que irradiaban una luz cálida.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.