Cuentos de Amor

Rosita y Angelun: Un Amor Dificultoso

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas y ríos cristalinos, una joven llamada Rosita. Rosita era una chica dulce, alegre y llena de vida. Tenía el cabello largo y castaño, y unos ojos que brillaban como el sol de la mañana. Su naturaleza amable y su risa contagiosa hacían que todos en el pueblo la quisieran. Sin embargo, a pesar de su alegría exterior, en su corazón habitaba una gran confusión.

Rosita estaba profundamente enamorada de un chico llamado Angelun. Él era un joven encantador, con ojos brillantes y una sonrisa cálida que hacía que cualquier problema pareciera desaparecer. Todos pensaban que formaban la pareja perfecta, pues se veían felices juntos y siempre estaban riendo y compartiendo momentos en el parque o en la plaza del pueblo.

Pero había algo que inquietaba el corazón de Rosita. Aunque Angelun era cariñoso con ella, también tenía muchas amigas. A menudo, Rosita lo veía charlando y riendo con otras chicas, y eso la hacía sentir insegura. Aunque Angelun siempre le decía que no tenía por qué preocuparse, Rosita no podía evitar sentir celos y, sobre todo, una profunda desconfianza.

Una tarde, mientras paseaban por el parque donde solían encontrarse, Rosita decidió hablar con Angelun sobre lo que la atormentaba.

—Angelun —dijo ella, deteniéndose en un banco bajo un gran roble—. Hay algo de lo que quiero hablarte.

Angelun la miró con su típica sonrisa encantadora, pero notó que esta vez Rosita no sonreía.

—¿Qué pasa, Rosita? —preguntó, sentándose a su lado.

Rosita tomó una respiración profunda antes de responder.

—Siento que… siento que no puedo confiar completamente en ti. Siempre estás con otras chicas, riendo y pasando tiempo con ellas, y eso me hace sentir insegura. A veces siento que no soy suficiente para ti.

Angelun frunció el ceño, sorprendido por las palabras de Rosita.

—Rosita, sabes que te amo —respondió, tomando sus manos—. Ellas son solo amigas. No tienes nada de qué preocuparte. Nunca haría nada que te lastimara.

Pero aunque las palabras de Angelun eran reconfortantes, no lograban apaciguar las dudas que crecían en el corazón de Rosita. Había pasado por esta conversación muchas veces antes, y siempre parecía terminar igual: Angelun prometía cambiar, pero los días pasaban y nada cambiaba realmente.

—Lo has dicho antes, Angelun —dijo Rosita, soltando sus manos suavemente—. Siempre dices que vas a cambiar, que vas a hacerme sentir segura, pero nunca lo haces. Cada vez que te veo con otra chica, me duele. Y aunque quiero creer en ti, no puedo evitar pensar que quizás no te importe lo suficiente.

Angelun bajó la mirada, dándose cuenta de que Rosita tenía razón. No era la primera vez que ella se sentía así, y él nunca había hecho el esfuerzo necesario para que ella se sintiera segura. Pero el problema no era que no la amara. La realidad era que Angelun, aunque lleno de buenas intenciones, a menudo se dejaba llevar por la despreocupación, sin pensar en cómo sus acciones afectaban a Rosita.

—Tienes razón —admitió Angelun después de un largo silencio—. No he sido justo contigo. He estado pensando que solo porque yo sé que te amo, eso debería ser suficiente. Pero me doy cuenta de que no es así. No te he dado las pruebas que necesitas para sentirte segura en esta relación, y eso está mal.

Rosita lo miró sorprendida. Era la primera vez que Angelun reconocía su parte en el problema. Había pasado tanto tiempo esperando que él entendiera lo que sentía, que ahora que lo escuchaba admitirlo, no sabía qué decir.

—Entonces, ¿qué vas a hacer? —preguntó ella finalmente, con voz suave pero firme.

Angelun se quedó en silencio unos momentos, pensando.

—Voy a cambiar de verdad —dijo, mirándola directamente a los ojos—. No quiero perderte, Rosita. Eres lo más importante para mí. A partir de hoy, voy a hacer todo lo posible para demostrarte que puedes confiar en mí. No solo con palabras, sino con hechos.

Las palabras de Angelun sonaban sinceras, pero Rosita, aunque quería creer en él, no podía ignorar las veces que lo había escuchado prometer lo mismo.

—Espero que esta vez lo cumplas —dijo, con una pequeña sonrisa—. Porque no sé cuánto tiempo más puedo seguir sintiéndome así.

Angelun asintió, decidido a no defraudarla de nuevo.

Pasaron los días, y Rosita observaba de cerca las acciones de Angelun. Al principio, todo parecía mejorar. Angelun se mostraba más atento, evitando pasar demasiado tiempo con sus amigas y asegurándose de que Rosita se sintiera especial. Durante algunas semanas, Rosita se sintió más tranquila, creyendo que finalmente las cosas estaban cambiando para bien.

Sin embargo, un día, mientras caminaba por el mercado del pueblo, vio a Angelun charlando animadamente con una de sus amigas. Aunque la escena no parecía fuera de lo común, Rosita sintió una punzada de celos y tristeza. Recordó todas las promesas que Angelun le había hecho y sintió que tal vez, después de todo, nada había cambiado.

Esa noche, decidió confrontarlo de nuevo.

—Angelun, te vi hoy en el mercado —dijo Rosita, con una mezcla de tristeza y frustración—. Estabas hablando con una de tus amigas, y aunque sé que no es malo tener amigas, me sentí… mal. Pensé que habías dicho que ibas a cambiar.

Angelun suspiró profundamente, sabiendo que este momento llegaría. Sabía que no podía evitar a sus amigas para siempre, pero también entendía que el dolor de Rosita era real.

—Rosita, sé que no puedes evitar sentirte así, y lo entiendo. Pero tienes que creerme cuando te digo que no hay nadie más en mi vida que tú. Te amo a ti, y solo a ti.

Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Rosita.

—Pero siempre me siento así, Angelun. Siempre siento que no soy suficiente, que nunca seré la única en tu vida.

Angelun la abrazó con fuerza, dándose cuenta de lo profundo que era el dolor de Rosita. Sabía que sus promesas no bastarían esta vez. Tenía que tomar una decisión, una que definiera su futuro juntos.

—Rosita, si te hace sentir mejor, estaré dispuesto a poner distancia con mis amigas —dijo con sinceridad—. Si eso es lo que necesitas para confiar en mí, lo haré. Porque lo más importante para mí es verte feliz, y no quiero perderte.

Rosita lo miró con el corazón dividido. Sabía que Angelun hablaba con sinceridad, pero también entendía que no era justo pedirle que dejara de lado a sus amistades por completo. Quererlo significaba aceptarlo tal como era, con sus defectos y virtudes.

—No te estoy pidiendo que dejes de tener amigas, Angelun —dijo Rosita suavemente—. Solo quiero sentir que soy especial para ti, que cuando estoy contigo, no hay nadie más que importe.

Angelun asintió. Finalmente, había comprendido lo que Rosita necesitaba.

—Entonces eso es lo que haré —dijo él, decidido—. Haré que cada momento que pasemos juntos sea único, para que nunca dudes de lo que siento por ti.

Desde ese día, Angelun empezó a demostrar su amor de formas nuevas. No se trataba de evitar a sus amigas, sino de mostrarle a Rosita, en pequeños gestos cotidianos, lo importante que era para él. La llevaba a sus lugares favoritos, la sorprendía con detalles que solo ella apreciaría, y sobre todo, la escuchaba cuando necesitaba hablar.

Con el tiempo, Rosita comenzó a confiar más en él, y los celos que antes la atormentaban se desvanecieron lentamente. Aunque todavía había momentos en los que las dudas aparecían, sabía que Angelun estaba dispuesto a trabajar por su relación, y eso era lo que hacía que valiera la pena.

Y así, el amor entre Rosita y Angelun se fortaleció con cada día que pasaba. Aprendieron que el amor no solo se construye con palabras, sino con hechos y, sobre todo, con comprensión mutua. Aunque no todo era perfecto, lo que los unía era mucho más fuerte que cualquier obstáculo que encontraran en el camino.

FIN.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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