Cuentos de Animales

La Ratita Presumida y Sus Amigos

Lectura para 2 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Érase una vez una ratita muy linda y presumida llamada Ratita. Ratita vivía en una casita acogedora en medio del bosque. Le encantaba mantener su casita limpia y ordenada. Un día, mientras barría su casa, encontró algo brillante en el suelo. Era una moneda de oro. Ratita se agachó y la recogió del suelo, sintiéndose muy dichosa.

—¡Qué suerte tengo! —exclamó Ratita con una gran sonrisa—. ¿Qué podré comprar con esta moneda?

Ratita empezó a pensar en todas las cosas que podría comprar. Primero pensó en comprar caramelos.

—¡Oh no! —dijo Ratita—. Si compro caramelos, se me caerán mis dientes.

Entonces pensó en comprar pastelitos.

—¡Oh no! —exclamó Ratita—. Si compro pastelitos, me dolerá la barriguita.

Finalmente, Ratita tuvo una idea brillante.

—¡Ya sé! —dijo Ratita con entusiasmo—. Me compraré un lacito rojo para mi colita.

Ratita guardó la moneda en su bolsillo y se fue al mercado. El mercado estaba lleno de colores y olores maravillosos. Había puestos que vendían frutas frescas, cintas de todos los colores, dulces y muchas cosas más. Ratita caminó hasta encontrar el puesto de cintas.

—Buenos días, señor tendero —saludó Ratita—. Quisiera comprar un trozo de su mejor cinta roja.

El tendero, un simpático conejo, le mostró varias cintas rojas. Ratita eligió la más brillante y bonita, pagó con su moneda de oro y volvió a su casita muy contenta.

Al día siguiente, Ratita se puso su nuevo lacito rojo en la colita y salió al balcón de su casa para que todos pudieran admirarla. No pasó mucho tiempo antes de que apareciera el Gallo Rojo.

—Ratita, Ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? —le preguntó el Gallo Rojo.

Ratita lo miró y respondió:

—No sé, no sé. ¿Tú por las noches qué ruido haces?

El Gallo Rojo infló su pecho y respondió con orgullo:

—Yo cacareo así: ¡Quiquiriquí!

Ratita frunció el ceño y dijo:

—¡Ay, no! Contigo no me casaré, me asusto, me asusto.

El Gallo Rojo se fue muy triste, y Ratita siguió en su balcón, esperando a ver quién más vendría a admirar su lazo.

Al rato, apareció el Perro, un perro grande y amigable.

—Ratita, Ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? —le preguntó el Perro.

Ratita lo miró y preguntó:

—No sé, no sé. ¿Tú por las noches qué ruido haces?

El Perro se sentó y respondió con una gran sonrisa:

—Yo ladro así: ¡Guau, guau!

Ratita sacudió la cabeza y dijo:

—¡Ay, no! Contigo no me casaré, me asusto, me asusto.

El Perro se fue, y Ratita siguió esperando.

Después, apareció Cerdin, un cerdito pequeño y alegre.

—Ratita, Ratita, tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? —le preguntó Cerdin.

Ratita lo miró y preguntó:

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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