En una vereda del departamento del Tolima, vivía Jacobo Martínez, un campesino de clase baja. Jacobo era un hombre alto y musculoso, conocido por su fuerza y su escepticismo hacia las creencias religiosas. Aunque trabajaba arduamente en sus tierras, no creía en la ley de Dios ni en la existencia del diablo. A menudo se burlaba de estas creencias y prefería confiar en lo que podía ver y tocar.
Una noche, después de una larga jornada de trabajo, Jacobo decidió ir a la cantina con su amigo Tadeo. Tadeo era un hombre más bajo y robusto, siempre preocupado por las historias de espíritus y demonios que se contaban en el pueblo. Pasaron las horas bebiendo cerveza y hablando de sus cosechas y del clima. Cuando el reloj marcó las tres de la mañana, decidieron que era hora de regresar a sus casas.
Montaron sus caballos y comenzaron el viaje de vuelta por la oscura carretera que atravesaba el bosque. Charlaban sobre cosas raras, riendo y disfrutando de la fresca brisa nocturna, cuando de repente escucharon el grito de un niño. Tadeo frunció el ceño, extrañado. «Jacobo, ¿escuchas eso? No puedo creer que alguien deje a un niño solo a estas horas en esta carretera.»
Jacobo, siempre incrédulo, respondió: «Tal vez es solo el viento, Tadeo. No te preocupes.»
Pero el grito se escuchó de nuevo, esta vez más cerca y claro. «Chiquito, pero tengo colmillos,» dijo una voz infantil, seguida de una risa escalofriante. De entre las sombras apareció una figura que parecía un niño, pero al abrir la boca, mostró unos enormes colmillos. La figura se transformó en un ser alto y robusto, de piel roja, con colmillos afilados y grandes cuernos en la cabeza.
Los caballos de Jacobo y Tadeo se encabritaron, aterrorizados por la aparición del diablo. Ambos hombres intentaron controlar a sus monturas, pero los caballos parecían paralizados por el miedo. Jacobo, con el corazón latiendo a mil por hora, trató de pensar en una solución.
«Tenemos que salir de aquí, Tadeo. Esto no es real. ¡Es solo nuestra imaginación!» gritó Jacobo, tratando de convencerse a sí mismo tanto como a su amigo.
El diablo avanzó hacia ellos, sus ojos brillando con una luz siniestra. «No pueden escapar. Este es mi territorio y ustedes han osado desafiar mis dominios,» dijo con una voz profunda y resonante.
De repente, una figura emergió de las sombras. Era Olga, una mujer misteriosa con ojos penetrantes y una capa oscura que parecía flotar a su alrededor. Olga era conocida en el pueblo como una curandera y guardiana de antiguos secretos. Se paró entre el diablo y los aterrorizados hombres, levantando una mano en señal de advertencia.
«Detente, demonio. No tienes poder sobre los corazones valientes,» dijo Olga con firmeza. El diablo retrocedió, sorprendido por la presencia de la mujer.
«¡Olga, ayúdanos!» suplicó Tadeo, todavía intentando calmar a su caballo.
Olga asintió y comenzó a recitar unas palabras en un idioma antiguo. Un viento poderoso se levantó, rodeándolos a todos. El diablo gruñó y trató de avanzar, pero fue empujado hacia atrás por una fuerza invisible.
«Jacobo, Tadeo, deben confiar en la luz que llevamos dentro. Esa es nuestra verdadera protección,» dijo Olga, sin dejar de recitar sus encantamientos.
Poco a poco, la figura del diablo comenzó a desvanecerse, disolviéndose en la noche. Los caballos se calmaron y el viento cesó. Olga se volvió hacia los dos hombres, que todavía estaban en estado de shock.
«¿Qué ha sido eso?» preguntó Jacobo, su escepticismo hecho añicos por lo que acababa de presenciar.
«El mal puede tomar muchas formas, pero siempre será derrotado por la valentía y la luz interior,» respondió Olga. «Ustedes han aprendido una lección esta noche. Nunca subestimen el poder de lo desconocido.»
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.