Joaquín era un niño muy alegre y divertido que tenía seis años, cabello negro y enrulado, ojos grandes y marrones y una piel blanca que brillaba con el sol. Iba a primer grado, un grado que le encantaba porque estaba aprendiendo a leer y a escribir. En el colegio, Joaquín jugaba todo el tiempo con sus mejores amigos: Antuan y Sofía. Antuan tenía el pelo negro y corto, los ojos marrones y la piel blanca. Era bueno y muy rápido corriendo, además le gustaba mucho el equipo de fútbol Nacional. Sofía, por su parte, era morocha, con pelo negro y muy largo que siempre parecía bailar cuando corría. Sus ojos marrones brillaban cuando cantaba o jugaba. Ella era graciosa, muy buena amiga y divertida.
Un día, como cualquier otro, los tres amigos se levantaron temprano y se prepararon para ir al colegio. Joaquín tenía una sonrisa enorme en su cara, emocionado por ver a Antuan y Sofía y por aprender cosas nuevas. Cuando llegaron al colegio, todo parecía normal al principio; el sol brillaba, los pájaros cantaban y los niños llegaban corriendo a sus clases. Sin embargo, cuando entraron al salón donde siempre tenían sus libros y juegos, encontraron algo extraño.
—¿Dónde están los demás niños? —preguntó Joaquín con curiosidad.
Antuan miró alrededor y notó que no había ni un solo niño en el patio, ni su maestra en la puerta del aula. Sofía sintió un poco de miedo, pero era valiente y dijo:
—¡Vamos a buscar pistas! Seguro que algo raro ha pasado.
Los tres amigos empezaron a caminar por el colegio. Al principio, todo estaba muy silencioso. No se oían risas ni voces, solo el eco de sus pasos. Cuando llegaron al aula de la maestra, encontraron la puerta abierta y en el piso un papel arrugado. Joaquín lo recogió cuidadosamente y lo leyó en voz alta:
“Si quieren saber dónde están todos, sigan el camino de luz. Confíen en la tecnología y no teman.”
—¿Qué será eso? —preguntó Antuan.
—Parece un mensaje para ayudarnos —dijo Sofía, entusiasmada—. ¡Vamos a seguir las luces!
Los tres amigos miraron alrededor y vieron, en el pasillo, unas luces pequeñitas que brillaban azul y verde, como si fueran pequeñas luciérnagas electrónicas. Era extraño, pero ellas parecían moverse suavemente hacia el gimnasio.
Mientras caminaban, Joaquín pensaba:
“Esto se parece a las historias de ciencia ficción que me encanta escuchar. ¿Y si estamos en una aventura para salvar a todos?”
Al llegar al gimnasio, encontraron muchas luces más y una pantalla gigante que no estaba allí antes. La pantalla mostró un mensaje con letras brillantes:
“Hola, jóvenes detectives. Mi nombre es RoboDoc. Soy un robot amigo de la escuela. Algo me pasó y ahora he tomado el control del colegio para proteger a todos de un peligro. Pero necesito que me ayuden a devolver a todos a su lugar. ¡No se preocupen! Será una aventura increíble. Sigan las pistas y resuelvan los acertijos que les daré.”
—¿Un robot? —exclamó Antuan—. ¡Eso es genial! Pero, ¿qué peligro puede haber?
Sofía, con sus ojos llenos de emoción, dijo:
—¡No importa! Yo creo que podemos con esto. Somos un buen equipo.
El primer acertijo apareció en la pantalla:
“Para encontrar a tu maestra querida, busca el lugar donde las palabras se hacen vida.”
Joaquín pensó y pensó. Entonces recordó que la maestra siempre decía que la biblioteca era un lugar mágico porque ahí los libros “hacían vida” cuando se leían.
—¡La biblioteca! —gritaron los tres al mismo tiempo y corrieron hacia allá.
Cuando llegaron a la biblioteca, todo estaba oscuro. De repente, unas luces verdes iluminaban unos libros que parecían moverse solos. Entre ellos, encontraron otro papel que tenía que ver con el segundo acertijo:
“Para salvar a tus amigos sin una demora, dirígete al sitio donde corre la energía y la ciencia obra.”
—¿Energía y ciencia? —Se preguntó Joaquín.
Sofía subito dijo:
—¡El laboratorio! Allí hacemos experimentos y aprendemos de energía.
—¡Vamos! —dijo Antuan y los tres se dirigieron hacia el laboratorio.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.