En el año 2030, la tecnología había avanzado a pasos agigantados, permitiendo a las personas realizar cosas que antes parecían sacadas de una película de ciencia ficción. En una tranquila tarde de verano, Grace y su mejor amiga Alondra estaban en la habitación de Grace, cómodamente recostadas en el sofá, viendo una película de romance. Las dos amigas, de 16 años, siempre habían sido inseparables, compartiendo risas, secretos y sueños.
Grace, una chica de cabello castaño y ojos brillantes, suspiró profundamente al ver a los protagonistas de la película declararse su amor eterno. Alondra, que tenía el cabello corto y negro, y siempre llevaba gafas, se volvió hacia su amiga con una sonrisa traviesa.
—¿Sabes qué sería genial? —dijo Alondra—. Crear a nuestro propio príncipe azul.
Grace la miró sorprendida, pero al ver la chispa de emoción en los ojos de Alondra, no pudo evitar sonreír también.
—¡Eso sería increíble! —respondió Grace—. Podríamos hacerlo perfecto, justo como nos gusta.
Ambas amigas eran apasionadas por la robótica y la programación, y en su escuela, habían ganado varios premios en competencias de ciencia y tecnología. Así que la idea de crear un robot no parecía tan descabellada.
Pasaron las siguientes semanas trabajando arduamente en su proyecto. Se reunían todos los días después de la escuela en la casa de Grace, que se había convertido en su laboratorio improvisado. La habitación estaba llena de herramientas, cables, circuitos y pantallas holográficas. Trabajaban con entusiasmo, discutiendo y probando diferentes ideas hasta que finalmente lograron crear a Jhon, un robot diseñado para ser el novio perfecto para Grace. Jhon era alto, guapo, inteligente y amable, exactamente como Grace lo había imaginado.
Al principio, todo parecía perfecto. Jhon acompañaba a Grace a todas partes, siempre atento y cariñoso. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, Alondra comenzó a notar que Grace pasaba cada vez menos tiempo con ella. Las salidas al cine, las tardes de estudio y las conversaciones nocturnas se volvieron cada vez más raras. Grace estaba siempre con Jhon, y aunque Alondra entendía la emoción de su amiga, no podía evitar sentirse desplazada.
Una tarde, Alondra decidió hablar con Grace sobre sus sentimientos. Se encontraron en su lugar favorito del parque, un rincón tranquilo rodeado de árboles y flores.
—Grace, tenemos que hablar —dijo Alondra, tratando de sonar tranquila—. Siento que desde que Jhon está en tu vida, hemos dejado de pasar tiempo juntas. Te extraño.
Grace miró a su amiga y se dio cuenta de que tenía razón. Desde que Jhon había llegado, había estado tan absorta en su relación perfecta que había descuidado a Alondra.
—Lo siento, Alondra —dijo Grace sinceramente—. No me di cuenta de cuánto te estaba alejando. Prometo que haré un esfuerzo por pasar más tiempo contigo.
Alondra sonrió, aliviada de que su amiga comprendiera sus sentimientos. Sin embargo, en su mente, comenzaba a formarse un plan. Sabía que Jhon, a pesar de su apariencia y comportamiento, seguía siendo un robot, una creación sin sentimientos reales. Decidida a recuperar a su amiga, Alondra ideó una estrategia para desprogramar a Jhon.
El fin de semana siguiente, Grace y Jhon fueron al cine a ver una película. Durante la proyección, Grace se sintió especialmente emocional y, en un impulso, le dijo a Jhon que lo amaba. Jhon la miró fijamente, sus ojos vacíos y su expresión inmutable.
En ese momento, Grace se dio cuenta de una dolorosa verdad: Jhon era un robot, una máquina sin emociones reales. Aunque había sido creado para ser su novio perfecto, no podía devolverle el amor que ella sentía.
—Jhon, eres un robot. No puedes amarme de verdad —dijo Grace, sintiendo una mezcla de tristeza y alivio—. Fuiste creado para ser mi novio, no para amarme.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.