Clara llegó a casa agotada. La luz del atardecer entraba por la ventana y dibujaba largas sombras en las paredes. Su rostro reflejaba el cansancio que había llevado durante todo el día. La piel de su cara estaba apagada, tirante y sin vida, como si un gris sutil la hubiera cubierto. Sin pensarlo mucho, se sentó frente al espejo que tenía en su habitación y decidió observarse con más atención, algo que nunca hacía antes. Estaba sorprendida: lo que veía no era sólo cansancio, sino el resultado de algo mucho más profundo, como si su piel le estuviera hablando.
Clara recordó que esa apariencia no era casual. En la escuela, la presión por los exámenes y la tarea acumulada la hacían sentir estresada y sin tiempo para descansar bien. Para colmo, había olvidado beber suficiente agua durante el día y eso también afectaba a su piel, que ahora parecía opaca y sin brillo. Sin darse cuenta, había dejado que la suciedad y las células muertas se acumularan, obstaculizando que su piel reflejara la luz natural que tenía escondida.
Mientras pensaba en todo esto, una voz suave y múltiple empezó a resonar en su mente, no era una voz común, sino una voz tecnológica y amigable que parecía venir del espejo mismo.
—Hola, Clara —dijo con un tono chispeante y digital—. Soy Luma, el asistente holográfico de cuidado facial. Estoy aquí para ayudarte a recuperar tu piel y tu brillo natural.
Clara dio un pequeño salto, sorprendida, y miró bien el espejo. En su superficie, apareció una figura luminosa y transparente con ojos brillantes y sonrisa cálida, que la miraba con mucha amabilidad.
—¿Tú eres… el espejo? —preguntó Clara, medio dudosa.
—Soy más que un espejo —explicó Luma—. Soy un dispositivo avanzado que puede guiarte en un cuidado especial para que tu piel vuelva a su mejor estado, y además para que te sientas mejor contigo misma.
Clara sonrió tímidamente y le preguntó qué podía hacer para empezar.
—Lo primero —respondió Luma— es que te tomes un momento para ti, sin prisas. Vamos a comenzar por eliminar todas las impurezas. Te ayudaré a aprender paso a paso cómo cuidar tu rostro, ¿te parece?
Clara asintió y se levantó para seguir las instrucciones que la voz holográfica le iba dando.
—Primero, desmaquilla tu piel con suavidad. Toma un algodón y aplica una solución especial, no sientas prisa, cada movimiento debe ser como un abrazo para tu piel —recomendó Luma.
Con mucho cuidado, Clara tomó un algodón y aplicó la limpieza que había en un frasco sencillo sobre el tocador. Cerró sus ojos y, con movimientos lentos, comenzó a limpiar el maquillaje. Poco a poco, sintió cómo su piel se liberaba de toda la suciedad acumulada. Era como si una manta pesada se fuera retirando.
—Muy bien, Clara —animó Luma—. Ahora pasaremos a la limpieza profunda. Usa tus dedos para dar pequeños masajes circulares en tu rostro. Esto ayudará a remover las impurezas que el desmaquillante no pudo quitar y a relajar la tensión de tus músculos.
Clara, con los dedos húmedos y llenos de jabón especial que le indicaba Luma, comenzó a masajear su rostro. Despacio, en círculos pequeños, sintió como la textura de su piel cambiaba, como si despertase de un sueño profundo.
Pero aún notaba que la piel no se veía del todo luminosa.
—Es normal —explicó Luma— tenemos que eliminar las células muertas que opacan tu piel.
Clara miró cómo la holografía mostraba una pequeña animación de células opacas que se juntaban en la superficie de la piel y cómo, con una exfoliación suave, desaparecían para revelar un rostro más limpio y radiante.
—Para eso, te enseñaré a hacer una exfoliación delicada —dijo Luma—. No necesitamos frotar fuerte, sólo pasar suavemente una crema con gránulos muy finos que ayude a renovar la piel.
Clara tomó la crema exfoliante que estaba en una pequeña caja cercana, aplicada un poco en sus dedos y la extendió por su rostro en movimientos suaves y pausados. Sintió una ligera textura y quedó feliz al notar cómo su piel parecía más fresca y lisa bajo sus manos.
—Ahora, mueve las manos a la zona del cuello también —le dijo Luma— porque la piel se conecta en todo el cuerpo y nos gusta cuidar desde arriba hasta abajo.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.