Había una vez un niño llamado Samuel. Samuel era un niño muy curioso, siempre quería saber más sobre el mundo que lo rodeaba. Un día, mientras jugaba en el jardín, miró su cuerpo y se hizo una pregunta: “¿Cuáles son las partes de mi cuerpo? ¿Por qué las niñas tienen algo diferente a mí?”
Samuel pensó mucho en eso. Entonces, decidió preguntarle a su mamá. “Mamá, ¿por qué yo tengo ciertas cosas en mi cuerpo y las niñas tienen otras cosas?”, preguntó Samuel con su voz suave.
Su mamá, que siempre tenía una sonrisa amable, se agachó y lo miró con cariño.
—Samuel, es una excelente pregunta —dijo mamá, tocándole suavemente el cabello—. Todos tenemos un cuerpo muy especial. Yo te puedo explicar algunas cosas, pero lo más importante es que siempre debemos aprender a respetarnos y cuidarnos.
Samuel sonrió feliz porque su mamá siempre sabía cómo hacerle sentir que sus preguntas eran importantes. Así que, mamá lo abrazó y le dijo:
—Vamos a aprender juntos sobre tu cuerpo. Primero, ¿sabes cuántas partes tiene tu cuerpo?
Samuel pensó un momento y levantó el dedo índice, como si estuviera a punto de contar algo muy importante.
—¡Sé que tengo una cabeza, unos brazos, unas piernas y un cuerpo! —dijo con entusiasmo.
—¡Exacto! —respondió mamá, aplaudiendo suavemente—. Ahora, vamos a aprender más sobre ellas. Mira, cada parte de tu cuerpo tiene un nombre y una función. Por ejemplo, tus brazos sirven para abrazar, y tus piernas sirven para caminar y correr.
Samuel observó sus manos y luego sus pies, sonriendo al escuchar las palabras de su mamá. Pero aún tenía una pregunta más.
—Mamá, ¿por qué las niñas tienen una parte diferente en su cuerpo que los niños? —preguntó, algo preocupado.
En ese momento, Albany, una amiga de Samuel que siempre jugaba con él, pasó por el jardín. Albany era una niña que siempre tenía una sonrisa y amaba jugar con Samuel. Cuando la vio, Samuel la invitó a acercarse.
—Albany, ven, mamá me está explicando las partes de nuestro cuerpo. ¿Tú me puedes decir qué diferencia hay entre los niños y las niñas? —le preguntó Samuel con curiosidad.
Albany sonrió y se acercó a ellos.
—Claro, Samuel. Las niñas y los niños tenemos algunas diferencias en nuestro cuerpo. Las niñas tienen una parte especial llamada «busto» que es diferente al de los niños, y cuando crecemos, las niñas pueden tener bebés. Pero, además de eso, todos tenemos un corazón, unos ojos, unas manos, y esas cosas son iguales para todos, sin importar si eres niña o niño.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.