Cuentos de Fantasía

El Juego Mágico de Ludo

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un rincón soleado de una alegre clase de preescolar, un grupo de niños estaba muy emocionado. Era la hora del juego, y hoy habían decidido jugar al Ludo. Pepe, un niño con rizos alborotados; Lucía, una niña con coletas; Carlos, un niño con gafas grandes; y Ana, una niña con una coleta alta, se sentaron alrededor de una mesa redonda, sobre la cual estaba el colorido tablero de Ludo.

—¡Yo quiero ser el color rojo! —dijo Pepe con entusiasmo.

—Entonces yo seré el azul —respondió Lucía, sonriendo.

—Yo elijo el verde —dijo Carlos, ajustándose las gafas.

—Y yo seré el amarillo —concluyó Ana, con una sonrisa brillante.

Los cuatro niños comenzaron a mover sus fichas por el tablero, lanzando los dados y avanzando con alegría. Al principio, todo iba bien. Reían y disfrutaban del juego, celebrando cada vez que lograban sacar un seis para poder sacar una ficha de la base.

Pero después de un tiempo, las cosas comenzaron a ponerse un poco confusas. Pepe miró sus fichas y dijo —¡Tengo más fichas en el tablero que todos ustedes!

Lucía frunció el ceño y respondió —No, Pepe. Yo creo que tengo más fichas.

Carlos, mirando sus fichas con cuidado, intervino —No estoy seguro, pero creo que tengo menos fichas que ustedes dos.

Ana, que había estado contando sus fichas en silencio, dijo —Yo creo que tengo exactamente las mismas fichas que Carlos.

La confusión creció entre los niños. Aún estaban aprendiendo a contar y comparar cantidades, y no sabían quién tenía razón. La situación comenzó a generar pequeñas discusiones, y el ambiente alegre del juego empezó a desvanecerse.

El maestro, el señor Martín, notó la creciente tensión y se acercó a la mesa. Con una sonrisa amable, les dijo —Chicos, ¿qué está pasando aquí?

—Estamos tratando de ver quién tiene más fichas en el tablero, pero no estamos seguros —explicó Pepe, con los brazos cruzados.

—Entiendo, —dijo el señor Martín—. Contar puede ser un poco complicado a veces, pero vamos a resolver esto juntos. Primero, vamos a contar las fichas de cada uno.

El señor Martín se sentó con los niños y, uno por uno, comenzaron a contar las fichas en voz alta. Cada niño tomó sus fichas y, con la ayuda del maestro, las contaron cuidadosamente.

—Pepe tiene tres fichas en el tablero —dijo el señor Martín.

—Lucía tiene cuatro fichas en el tablero —continuó, después de contar las fichas azules.

—Carlos tiene dos fichas en el tablero —anunció, tras contar las fichas verdes.

—Y Ana tiene dos fichas también —concluyó, tras contar las fichas amarillas.

—¡Ah! —exclamaron los niños al unísono—. Ahora entendemos.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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