Cuentos de Fantasía

El Portal de los Brawlers

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Benjamín era un chico normal de 11 años, a quien le encantaba pasar las tardes después de la escuela jugando a su videojuego favorito: Brawl Stars. Había algo en ese juego que lo atrapaba, la emoción de las batallas, los personajes con habilidades increíbles y el desafío de siempre mejorar sus estrategias. Cada vez que se sentaba frente a su consola, se sumergía en un mundo de acción y aventuras donde él era el protagonista, aunque solo estuviera controlando a sus personajes a través de la pantalla.

Un viernes por la tarde, justo después de terminar sus tareas, Benjamín se sentó en su cama con su consola en mano y comenzó a jugar. La partida se veía más intensa de lo habitual, pero Benjamín, con su habilidad, logró avanzar sin problemas. A medida que el juego progresaba, algo extraño comenzó a suceder: la pantalla de su consola empezó a brillar intensamente, mucho más de lo normal.

—¿Qué es esto? —murmuró Benjamín, entrecerrando los ojos por la luz que salía de la pantalla.

De repente, la luz dejó de ser solo un resplandor y se transformó en un portal que parecía salir directamente de la consola. Era como si el mundo virtual de Brawl Stars se hubiera abierto justo frente a él, un torbellino de colores vibrantes y figuras pixeladas. Al principio, Benjamín pensó que era un error del juego o una especie de actualización especial, pero pronto se dio cuenta de que esto no era un simple truco.

Unos personajes del juego comenzaron a asomarse por el borde del portal. ¡Era real! Los brawlers que controlaba en el juego estaban allí, mirándolo desde el otro lado del portal, como si quisieran que él cruzara.

—Esto no puede estar pasando —dijo Benjamín, mirando a su alrededor para asegurarse de que no estaba soñando.

Pero la curiosidad lo venció. Sin pensarlo demasiado, dio un paso hacia el portal. En cuanto sus dedos tocaron el resplandor, sintió un tirón en su estómago y, de repente, fue absorbido por la luz. En un abrir y cerrar de ojos, ya no estaba en su habitación. Ahora, estaba dentro del mundo de Brawl Stars.

Al principio, todo le parecía increíble. Estaba en una especie de arena gigante, rodeado de muros de piedra, arbustos y cajas de energía como las que solía ver en el juego. Frente a él, los personajes que tanto conocía del juego lo miraban con una mezcla de asombro y reconocimiento. Crow, uno de los brawlers más populares, se adelantó y le habló.

—Bienvenido, Benjamín. Hemos estado esperándote.

Benjamín parpadeó, sorprendido.

—¿Esperándome? Pero… yo solo estaba jugando en casa, ¿cómo llegué aquí?

Crow asintió, como si ya hubiera escuchado esa pregunta antes.

—Este es el mundo real de los brawlers. Somos más que solo personajes de un juego. Nuestra existencia depende de jugadores como tú. Y hoy… necesitamos tu ayuda.

—¿Mi ayuda? —Benjamín se sentía cada vez más confundido, pero también emocionado—. ¿Para qué?

En ese momento, apareció otro personaje que Benjamín conocía bien: Shelly, la poderosa luchadora con su escopeta.

—Nuestro mundo está en peligro —dijo Shelly, con una voz grave—. Algo está afectando el equilibrio del juego, una especie de hacker que está intentando destruir nuestro mundo desde dentro. Ha alterado las reglas, los brawlers están perdiendo sus poderes y el caos se está apoderando de todo.

Benjamín no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Un hacker? ¿El mundo de Brawl Stars en peligro? Esto parecía sacado de una película o una historia que solo podría suceder en sueños. Pero aquí estaba, y parecía que él era la única esperanza de los brawlers.

—¿Qué puedo hacer yo? —preguntó, aún tratando de procesar todo.

—Conoces este juego mejor que nadie —dijo Crow—. Sabes cómo funcionan los poderes, las estrategias, y tienes la habilidad de pensar rápido bajo presión. Necesitamos que encuentres al hacker y restablezcas el equilibrio.

Benjamín respiró hondo. Aunque estaba asustado, había una parte de él que siempre había soñado con estar dentro de uno de sus juegos favoritos, y ahora que la oportunidad estaba frente a él, no podía dejarla pasar.

—De acuerdo. ¿Por dónde empiezo?

Shelly le entregó una especie de dispositivo holográfico.

—Este mapa te mostrará los lugares más afectados por el hacker. Debes encontrar las zonas donde las anomalías son más fuertes. Cuando llegues allí, sabrás qué hacer.

Con el dispositivo en mano y una sensación de aventura en el pecho, Benjamín empezó su recorrido por el vasto mundo de Brawl Stars. Al principio, todo parecía igual que el juego que conocía: arenas de combate, personajes moviéndose por el mapa y poderes siendo utilizados. Pero pronto, las cosas comenzaron a cambiar. Algunas partes del mundo estaban distorsionadas, los colores se veían apagados, y algunos brawlers parecían moverse de manera errática, como si estuvieran fuera de control.

La primera zona afectada era un lugar que Benjamín reconoció bien: el campo de batalla de Gem Grab, donde los jugadores recolectaban gemas mientras luchaban entre ellos. Al llegar, vio que las gemas estaban volando en todas direcciones, como si alguien hubiera roto las reglas. Los brawlers que intentaban jugar no podían controlar sus movimientos, y todo estaba sumido en el caos.

Benjamín se acercó al centro del campo, siguiendo las instrucciones del dispositivo holográfico. Allí, justo en el suelo, había una especie de agujero negro digital, de donde parecía emanar toda la distorsión. Sin saber muy bien qué hacer, pero confiando en su instinto, Benjamín colocó el dispositivo sobre el agujero. El dispositivo comenzó a brillar, emitiendo un fuerte destello que hizo que todo el campo volviera a la normalidad.

Los brawlers recuperaron el control, las gemas regresaron a su lugar y el juego volvió a funcionar como debería.

—¡Lo logré! —dijo Benjamín, con una mezcla de alivio y orgullo.

Pero no podía detenerse ahí. Había más zonas afectadas. Usando el mapa holográfico, Benjamín se dirigió a la siguiente arena: Bounty. Allí, el mismo patrón de caos reinaba, pero esta vez había obstáculos adicionales. El hacker había dejado trampas por todo el campo, y Benjamín tuvo que esquivar y pensar rápidamente para evitar caer en ellas.

Con cada zona que restauraba, Benjamín sentía que se hacía más fuerte, como si su experiencia jugando Brawl Stars lo preparara para este momento. Finalmente, después de horas de restaurar arenas, llegó al último lugar: Showdown, el escenario más peligroso.

Allí, el hacker lo estaba esperando. No era un jugador común, sino una figura sombría que flotaba sobre el campo de batalla, rodeada de una energía oscura.

—Has hecho bien en llegar hasta aquí, Benjamín —dijo la figura—, pero no podrás detenerme. Este mundo será mío.

Benjamín, aunque asustado, sabía que no podía retroceder. Se armó de valor y avanzó hacia la figura.

—No dejaré que destruyas este mundo —dijo, con determinación—. Los brawlers confían en mí, y yo no los defraudaré.

Con un movimiento rápido, Benjamín activó el dispositivo holográfico una vez más. Pero esta vez, en lugar de restaurar una zona, el dispositivo lanzó un rayo de luz directo hacia el hacker. La figura gritó de frustración mientras su energía oscura era absorbida por el dispositivo. En cuestión de segundos, el hacker desapareció, y todo el mundo de Brawl Stars comenzó a brillar con luz renovada.

Benjamín cayó al suelo, exhausto pero victorioso. Había salvado el mundo de Brawl Stars.

Crow, Shelly y los demás brawlers lo rodearon, aplaudiendo y agradeciéndole por su valentía.

—Lo hiciste, Benjamín —dijo Crow, con una sonrisa—. Gracias a ti, nuestro mundo está a salvo.

Antes de que pudiera responder, el portal que lo había traído de su habitación apareció de nuevo. Era hora de regresar. Benjamín sonrió, sabiendo que había vivido una aventura que nunca olvidaría.

—Nos veremos pronto —dijo, mientras cruzaba el portal de regreso a casa.

De vuelta en su habitación, todo parecía igual, excepto por una cosa: su consola estaba apagada. Pero en la pantalla, una pequeña notificación parpadeaba: «Gracias por salvarnos, Benjamín.»

Y así, Benjamín entendió que, aunque el juego parecía haber terminado, siempre habría nuevas aventuras esperándolo.

Fin.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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