Cuentos de Fantasía

Un día de sol, risas y amistad bajo el cielo azul

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era un hermoso día de sol, el cielo estaba despejado y azul como el agua de un lago. En un pequeño pueblo rodeado de colinas verdes, vivían dos mejores amigas, Coral y Sara. Ambas eran muy distintas, pero su amistad era tan fuerte como el acero. Coral tenía el cabello rizado y rojo como las fresas, siempre se le veía una gran sonrisa en la cara. Por otro lado, Sara tenía unos ojos muy grandes y brillantes, casi del color del mar, y siempre llevaba una diadema de flores amarillas que había hecho ella misma.

Aquel día, Coral y Sara decidieron que era el momento perfecto para explorar el misterioso bosque que estaba al borde de su pueblo. Habían oído muchas historias sobre ese bosque: que era mágico y que a veces aparecían criaturas fantásticas entre los árboles. Después de preparar una pequeña mochila con bocadillos y su bebida favorita, se pusieron en marcha, hablando y riendo a medida que se acercaban a la entrada del bosque.

Cuando llegaron al bosque, los árboles eran tan altos que parecían tocar el cielo. La luz del sol se filtraba entre las hojas, creando sombras danzantes en el suelo. “¿Te imaginas encontrar un dragón?” preguntó Coral, sus ojos brillaban de emoción.

“¡O un unicornio!” respondió Sara, mientras saltaba sobre un tronco caído. Ambas se reían y continuaron adentrándose en el bosque, disfrutando de cada instante.

Después de caminar un rato, llegaron a un pequeño claro donde el sol brillaba con fuerza y las flores de colores llenaban el aire con su dulce fragancia. En el centro del claro había una fuente con agua cristalina. Las dos amigas decidieron descansar un momento y buscar en sus mochilas algún bocadillo para merendar.

Mientras degustaban sus galletas y jugo, notaron un suave susurro que venía de detrás de los arbustos. Sorprendidas, se acercaron con cautela. Al apartar las hojas, lo que encontraron las dejó asombradas: un pequeño elfo con grandes orejas puntiagudas y un brillo mágico en sus ojos. “Hola, soy Lumis, el guardián de este bosque. ¿Qué hacen por aquí, pequeñas aventureras?”

Coral y Sara intercambiaron miradas de sorpresa, pero rápidamente se presentaron. “¡Nos llamamos Coral y Sara! Estamos explorando el bosque buscando criaturas mágicas”, dijo Coral entusiasmada.

Lumis sonrió. “Bueno, ¡han tenido suerte! Este bosque está lleno de magia, y si son buenas amigas, quizás puedan ayudarme con una pequeña misión,” dijo el elfo, cruzando los brazos sobre su pecho.

“¿Una misión?” preguntó Sara, con los ojos muy abiertos. “¿De qué se trata?”

Lumis explicó que había una flor mágica llamada ‘Estrella de día’, la cual solo crecía en la parte más profunda del bosque. Esta flor era muy especial pues brindaba felicidad y alegría a todos aquellos que estaban cerca de ella, pero había un problema: cada vez que alguien se acercaba a ella, un pequeño dragón de colores brillantes la protegía y no dejaba que nadie se la llevara.

“He buscado durante mucho tiempo, pero el dragón no me deja acercarme. Si me pueden ayudar a conseguirla, se las puedo regalar”, dijo Lumis emocionado.

Coral y Sara se miraron emocionadas. No podían dejar pasar la oportunidad de ayudar a su nuevo amigo. “¡Sí, queremos ayudar!” dijeron al unísono. Lumis les dio algunas indicaciones y se pusieron en camino. Caminando, se encontraron con muchos animales del bosque: ardillas juguetonas y pájaros cantores que les llenaban de alegría el corazón.

Finalmente, después de lo que pareció ser una gran aventura, llegaron a un lugar rodeado de árboles de colores mágicos. Allí, en el centro, estaba la ‘Estrella de día’, brillando con una luz dorada. Pero, como Lumis había mencionado, había un pequeño dragón de colores brillantes inspeccionando la flor, moviendo su cola de un lado a otro.

Coral, decidida, acercó su mano y habló con suavidad. “Hola, pequeño dragón. Somos amigas de Lumis, el elfo del bosque. Solo queremos ver la flor que cuidas con tanto esmero.”

El dragón miró a Coral y a Sara con curiosidad. Era un dragón del tamaño de un gato, con escamas brillantes que brillaban al sol. “¿Amigas de Lumis? ¿De verdad? Nunca he conocido a amigas de él,” dijo el dragón con su voz suave.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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