Había una vez, en un lejano y colorido valle, un dragón llamado Drak. A diferencia de otros dragones, Drak no era ni feroz ni temible. De hecho, ¡Drak no sabía ser un dragón tradicional! No podía escupir fuego por la boca, no sabía volar y definitivamente no asustaba a nadie. Pero lo que Drak realmente quería era aprender a ser un dragón, o eso creía.
Cada día, Drak intentaba practicar cómo ser un dragón «de verdad». Intentaba volar, pero solo conseguía saltos graciosos. Trataba de rugir, pero solo salían melodiosas risas que hacían eco en el valle. Y cuando intentaba escupir fuego, solo conseguía soplar burbujas de jabón que brillaban bajo el sol. Aunque se esforzaba, nada parecía funcionar como él esperaba.
Los otros animales del valle lo miraban con curiosidad y cariño. A ellos les encantaba Drak, precisamente por ser tan diferente. Los conejitos disfrutaban saltando a través de sus burbujas, y los pájaros se posaban en su espalda para cantar melodías alegres. Pero Drak aún no se daba cuenta de lo especial que era.
Un día, mientras Drak caminaba cabizbajo por el bosque, se encontró con una vieja tortuga llamada Tere. Tere era sabia y conocía muchas historias del valle y sus habitantes.
—¿Qué te ocurre, Drak? —preguntó Tere con voz suave.
—Quiero ser un dragón de verdad, pero no puedo hacer nada de lo que se supone que deben hacer los dragones —respondió Drak, suspirando.
Tere sonrió con ternura y le dijo:
—No todos tenemos que ser iguales, Drak. Cada uno de nosotros tiene algo único que ofrecer. ¿Has notado cómo haces reír a los demás?
Drak nunca había pensado en eso. Miró a su alrededor y vio a algunos animales que lo seguían, esperando ver qué haría a continuación.
—¿Por qué no pruebas contar un chiste? —sugirió Tere.
Drak estaba nervioso, pero decidió intentarlo. Recordó un chiste que había escuchado alguna vez: «¿Qué le dijo la coja al tuerto? Que veían la vida de otra manera». Al principio, Drak dudó, pero luego vio cómo los animales comenzaron a reír a carcajadas. ¡Les encantó el chiste!
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.