Cuentos de Humor

El Cocodrilo Hambriento y las Ovejas Traviesas

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un día soleado en la sabana, un cocodrilo llamado Croco se despertó con un hambre feroz. Croco, que vivía en un río cercano, decidió salir a buscar algo delicioso para comer. Después de todo, la vida de un cocodrilo es bastante simple: dormir, nadar y, por supuesto, comer.

Croco salió del agua y comenzó a caminar lentamente hacia un campo verde que había visto muchas veces desde el río. Mientras avanzaba, vio un grupo de ovejas esponjosas pastando tranquilamente. Los ojos de Croco brillaron de emoción. «¡Qué suerte la mía!», pensó. «¡Un banquete de ovejas justo para mí!»

Sin perder tiempo, Croco se deslizó silenciosamente hacia las ovejas, asegurándose de no hacer ningún ruido. Pero justo cuando estaba a punto de saltar y atrapar a una, las ovejas, que eran muy listas, lo vieron y comenzaron a correr en todas direcciones.

—¡Vaya, esto será más difícil de lo que pensé! —gruñó Croco, persiguiendo a las ovejas por el campo.

Mientras Croco corría detrás de las ovejas, un cazador llamado Hugo, que estaba en la sabana buscando animales exóticos para su colección, vio el alboroto. Hugo, con su bigote rizado y su sombrero de safari, decidió que sería divertido atrapar al cocodrilo. Así que sacó su red y comenzó a correr tras Croco.

Croco, al notar la presencia del cazador, se detuvo abruptamente. —¡Oh, no! ¡Un cazador! —exclamó, y comenzó a correr en la dirección opuesta, olvidándose temporalmente de las ovejas.

Las ovejas, al ver la confusión, decidieron unirse a la diversión. Se escondieron detrás de los arbustos y observaban cómo el cazador y el cocodrilo corrían en círculos por el campo. Una de las ovejas, más traviesa que las demás, sugirió una idea divertida.

—¿Y si hacemos que el cazador y el cocodrilo se persigan entre sí? —dijo la oveja.

Las demás ovejas, siempre listas para una travesura, estuvieron de acuerdo. Así que empezaron a correr alrededor del cazador y del cocodrilo, creando más caos y confusión. Hugo, al no saber qué hacer, seguía intentando atrapar a Croco, mientras Croco seguía intentando escapar.

—¡Esto es un desastre! —gritó Croco, esquivando una red que Hugo había lanzado.

—¡Quédate quieto, cocodrilo! —gritaba Hugo, resbalando en el barro y cayendo al suelo.

Las ovejas, riendo entre dientes, observaron cómo la situación se volvía cada vez más ridícula. Al final, Hugo, cansado y cubierto de barro, decidió que ya había tenido suficiente.

—¡Me rindo! —exclamó, levantándose del suelo. —Este cocodrilo es imposible de atrapar. ¡Me voy a casa!

Croco, al ver que el cazador se iba, suspiró aliviado. Pero su estómago rugió, recordándole que aún tenía hambre. Volvió su atención a las ovejas, que todavía estaban pastando cerca.

—Bueno, al menos ahora no hay cazador —dijo Croco, relamiéndose los labios.

Las ovejas, viendo que Croco volvía a acercarse, decidieron que era hora de acabar con el juego. La oveja traviesa se acercó a Croco y, en un acto de valentía, se paró justo delante de él.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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