Cuentos de Humor

Eme, Mimo y la Letra Perdida

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

Había una vez una letra llamada Eme, que vivía felizmente en el mundo del abecedario. Eme era grande, redonda y siempre tenía una sonrisa en su cara. Le gustaba saltar por las palabras y jugar con las demás letras, especialmente con sus mejores amigos: Mimo y Ema.

Un día, algo muy extraño sucedió. ¡La letra M desapareció! Nadie en el abecedario podía encontrarla. Las palabras que la necesitaban estaban incompletas, y todo el mundo estaba un poco confundido.

—¿Dónde está la letra M? —preguntaba Eme preocupada—. ¡Sin mí, las palabras como mamá, miel y mapa no tienen sentido!

Mimo, un niño travieso pero muy amable, se rascó la cabeza.

—No te preocupes, Eme —dijo Mimo—. Te ayudaremos a encontrar tu M. ¡Será una gran aventura!

Ema, una niña con dos coletas siempre listas para la acción, se levantó de un salto.

—¡Vamos a buscarla! ¡Seguro que está por aquí cerca!

Y así, Eme, Mimo y Ema comenzaron su divertida búsqueda por todo el abecedario. Primero fueron a la letra A.

—¡Hola, A! —dijo Eme—. ¿Has visto mi M por aquí?

La A, que siempre estaba tranquila y concentrada, negó con la cabeza.

—Lo siento, Eme. No he visto a la M en todo el día. Pero seguro que está escondida cerca de alguna palabra divertida.

Siguieron su búsqueda. Pasaron por la letra B, que estaba ocupada balanceándose en una gran palabra, y por la C, que estaba cantando una canción con las vocales. Pero nadie había visto a la M.

—Esto es más difícil de lo que pensé —dijo Mimo, empezando a cansarse.

Pero Ema, siempre optimista, señaló hacia el horizonte.

—¡Miren allá! —exclamó—. ¡Es la Z! Tal vez ella nos pueda dar alguna pista.

La Z era la última letra del abecedario, siempre sabia y calmada. Cuando llegaron a ella, le preguntaron si había visto a la M.

—Ah, sí, la M —dijo la Z con una sonrisa—. La vi saltando cerca de la palabra montaña. Creo que está jugando a las escondidas con ustedes.

—¡Eso es! —dijo Mimo, dando un salto de alegría—. ¡Está jugando a las escondidas!

—¡Vamos a buscarla! —gritó Ema, corriendo hacia la palabra montaña.

Cuando llegaron a la palabra montaña, allí, entre las letras, encontraron a la M, que se reía y saltaba alegremente.

—¡Aquí estoy! —dijo la M, contenta—. ¡Estaba jugando!

Eme, Mimo y Ema rieron.

—Nos hiciste buscar por todo el abecedario —dijo Eme—. ¡Pero nos divertimos mucho!

La M, muy feliz de haber sido encontrada, volvió a su lugar en el abecedario. Gracias a sus amigos, todo volvió a la normalidad y las palabras como mamá, miel y mapa volvieron a tener sentido.

—¡Qué gran aventura! —dijo Mimo—. ¡Deberíamos jugar así más a menudo!

Y así, con una sonrisa en el rostro, Eme, Mimo y Ema volvieron a casa, sabiendo que, no importa lo que pase, siempre estarán ahí para ayudar a sus amigos.

FIN.

image_pdfDescargar Cuentoimage_printImprimir Cuento

¿Te ha gustado?

¡Haz clic para puntuarlo!

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario