Era un hermoso día en la escuela, y Gio, Martu y Manu estaban en su clase de primer grado. El sol brillaba por la ventana, y todos los niños estaban ocupados jugando y riendo. Sin embargo, Gio, Martu y Manu estaban muy preocupados porque su maestra, la señora Nancy, les había asignado una tarea que no habían hecho.
“¡Ay no! ¿Qué vamos a hacer?” exclamó Gio, rascándose la cabeza. Tenía el cabello un poco desordenado y siempre llevaba sus grandes gafas que a veces se le resbalaban.
“No lo sé, pero no puedo creer que no la hicimos”, dijo Martu, con sus dos coletas moviéndose al ritmo de su agitación. Ella era muy buena en las tareas, pero esta vez se había olvidado por completo.
Manu, que siempre era el más juguetón de los tres, trató de hacerlos reír. “Quizás podemos decirle a la señora Nancy que nuestro perro se comió la tarea”, sugirió con una gran sonrisa.
“¡Eso es ridículo, Manu!”, respondió Martu, intentando no reírse, aunque era difícil. “No tenemos un perro”.
“Pero podría ser divertido”, dijo Gio, pensando en cómo se vería su maestra si escuchara esa excusa. “Podríamos inventar una historia loca”.
“¡Sí! Como que un dragón vino a nuestra casa y nos dijo que no hiciéramos la tarea”, agregó Manu, riendo. Los tres comenzaron a reírse al imaginar un dragón gigante hablando con ellos.
“¿Y si le decimos que estábamos atrapados en un mundo mágico y no había lápices ni cuadernos?”, sugirió Martu, sintiéndose un poco más tranquila con las ideas locas de sus amigos.
“¡Me gusta eso! Pero, ¿qué pasa si la señora Nancy se enoja?”, preguntó Gio, preocupado.
“Creo que debemos ser sinceros y decirle la verdad”, respondió Martu, que siempre intentaba hacer lo correcto. “Podríamos decirle que simplemente se nos olvidó”.
“Está bien, pero debemos hacer algo divertido antes de que ella venga”, dijo Manu. “Vamos a jugar un rato”.
Así que, para olvidar su preocupación, los tres amigos decidieron jugar a las escondidas. Gio se convirtió en el que contaba. “¡Uno, dos, tres!”, gritó mientras los otros dos corrían a esconderse.
Martu se escondió detrás de un escritorio y Manu se metió debajo de una mesa. Cuando Gio terminó de contar, comenzó a buscarlos. Miró detrás de las sillas, en el rincón y en los armarios. Pero, como siempre, era muy malo para encontrar a sus amigos.
“¡Los veo! ¡Sé que están aquí!”, gritó Gio, riendo mientras buscaba en la sala.
Manu no pudo contener la risa mientras estaba escondido. “¡Gio, estás cerca!”, le gritó desde debajo de la mesa.
Gio se acercó y, al levantar la mesa, dejó caer una de sus gafas. “¡Eres un tramposo, Manu!”, exclamó Gio, y todos comenzaron a reír. La maestra Nancy entró en ese momento y los miró con una sonrisa. “¿Qué está pasando aquí?”.
“¡Nada, señora Nancy!”, gritaron los tres al unísono, intentando parecer serios. Pero sus risas lo delataban. La señora Nancy se rió. “Bien, pero no se olviden de su tarea”.
“Sí, señora, estamos en eso”, dijo Martu, intentando sonar convincente. La maestra sonrió y salió de la clase, dejándolos nuevamente solos.
“¡Oh, no! ¡Nos olvidamos de la tarea otra vez!”, dijo Gio, preocupado. “No podemos seguir jugando. ¿Qué vamos a hacer?”.
“Dijiste que deberíamos decirle la verdad”, recordó Martu. “Así que vamos a hacerlo”.
“Pero… ¿y si nos regaña?”, preguntó Manu, con una pequeña preocupación. “No me gusta que me regañen”.
“Es mejor que tener un dragón en la casa”, dijo Gio, y todos se rieron de nuevo. “Vamos, seamos valientes”.
Así que, respirando profundamente, los tres amigos decidieron ir a buscar a la señora Nancy. Cuando entraron a su salón, la maestra estaba organizando su escritorio.
“Señora Nancy”, empezó Martu, “tenemos que hablar con usted”.
“¿De qué se trata, chicos?” preguntó la señora Nancy, mirándolos con curiosidad.
“Es sobre la tarea…” empezó Gio, pero se interrumpió, sintiendo que su corazón latía rápido.
“Nos olvidamos de hacerla”, dijo Martu, mirando hacia abajo, sintiéndose un poco culpable.
La señora Nancy los miró y sonrió. “¡No se preocupen! A veces los niños se olvidan de las cosas. Pero recuerden, lo importante es que aprendan de sus errores. ¿Quieren que les dé un poco más de tiempo?”.
Los tres amigos se miraron sorprendidos. “¿De verdad?”, preguntó Manu, con los ojos muy abiertos.
“¡Sí! Pero asegúrense de que la hagan esta vez”, dijo la señora Nancy, riendo. “Ahora, ¿quieren un consejo para la próxima vez que se olviden de algo?”.
“¡Sí, por favor!”, dijeron al unísono, sintiéndose aliviados.
“Siempre es bueno hacer una lista de las cosas que tienen que hacer. Así no se les olvidará nada importante”, explicó la señora Nancy. “Y también, ¡pueden poner recordatorios en sus mochilas!”.
Los ojos de los niños brillaban de emoción. “¡Eso suena genial! ¡Gracias, señora Nancy!”, exclamó Martu.
“Ahora, ¿quieren compartir conmigo la historia que estaban inventando sobre el dragón?”, preguntó la señora Nancy, inclinándose hacia ellos.
Gio sonrió y comenzó a contar la historia. “Había una vez un dragón que venía a nuestra casa y nos dijo que no hiciéramos la tarea porque quería jugar con nosotros”. Los tres comenzaron a reír mientras Gio contaba su divertida historia.
“¿Y el dragón era grande o pequeño?”, preguntó la señora Nancy, interesada.
“¡Era gigante!”, gritó Manu. “Y tenía escamas de colores y un aliento de fuego que olía a chicle”.
“¡Sí! ¡Y volaba por el cielo mientras nosotros jugábamos!”, agregó Martu, riendo a carcajadas.
La señora Nancy se unió a las risas. “Esa es una historia divertida, pero recuerden, siempre es importante hacer la tarea antes de jugar”, les recordó. “Pero me alegra ver que están usando su imaginación”.
Después de un rato, la señora Nancy les dio un poco más de tiempo para hacer su tarea. Los tres amigos se sentaron juntos, trabajando en ella y riendo al recordar la historia del dragón. Al final, no solo aprendieron sobre la importancia de hacer su tarea, sino que también se dieron cuenta de lo divertido que puede ser compartir ideas y trabajar en equipo.
Cuando finalmente terminaron, entregaron su tarea con una sonrisa. “¡Lo hicimos, señora Nancy!”, dijeron felices.
“Estoy muy orgullosa de ustedes”, respondió la maestra, sonriendo. “Y ahora, ¡es hora de un poco de diversión!”.
Los tres amigos saltaron de alegría y celebraron. Habían aprendido que incluso cuando se olvidan de hacer algo, siempre hay una oportunidad para arreglarlo y aprender a mejorar.
Y así, Gio, Martu y Manu continuaron su año escolar llenos de aventuras, risas y la promesa de recordar siempre hacer su tarea a tiempo.
El final.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.