Había una vez una niña llamada Aleska, que tenía una sonrisa tan grande y brillante que iluminaba cualquier lugar donde estuviera. Aleska era muy especial porque tenía una silla de ruedas que usaba para moverse, pero eso no la detenía para nada. De hecho, todos en su casa y en su barrio la llamaban la pequeña valiente, porque Aleska tenía un corazón lleno de valentía y muchas ganas de vivir aventuras.
Un día soleado, Aleska estaba en el parque con su papá, su mamá y su hermana menor, llamada Sofi. Sofi tenía tres años y le encantaba jugar con Aleska, aunque sabía que su hermana movía la silla de ruedas diferente a cómo corría ella. Papá empujaba despacito la silla de ruedas de Aleska mientras mamá tomaba fotos con una sonrisa enorme, feliz de ver a sus hijas disfrutando juntas.
Mientras jugaban, Aleska miró al cielo azul y dijo: “¿Sabes, papá? Hoy quiero ser una superheroína de verdad, como en los cuentos que me lees antes de dormir”. Papá sonrió y dijo: “¿Y qué superpoder tendría nuestra valiente pequeña?”. Aleska pensó un momento y respondió con energía: “¡Quiero tener la fuerza para ayudar a todos y un escudo que pueda girar rápido en mi silla para proteger a mis amigos!” Mamá se rió y le afirmó: “Eso suena fantástico, Aleska”.
Sofi, la hermanita, aplaudía emocionada y preguntó: “¿Puedo ser tu ayudante, Aleska?” La pequeña valiente la abrazó y dijo: “Claro que sí, Sofi. ¡Juntas seremos invencibles!”
De repente, mientras estaban así, apareció un perrito pequeñito que parecía perdido y asustado. Tenía las orejas caídas y caminaba despacito cerca de un arbusto. Aleska enseguida pensó que el perrito necesitaba ayuda. “¡Papá, mamá, miren! Ese perrito parece triste”, dijo con preocupación. Papá se acercó con cuidado al perrito y notó que tenía un collar con un nombre: “¡Se llama Max!”. Mamá le dijo a Aleska: “¿Quieres intentar ayudar a Max a volver a casa?”
Aleska asintió. Así que la pequeña valiente, con su silla de ruedas, se acercó despacio y habló con voz dulce: “Hola, Max, ¿quieres ser mi amigo y contarme dónde vives?” Max movió la cola y lamió la mano de Aleska. Papá y Sofi los siguieron para ver qué pasaría.
Max empezó a caminar y parecía que quería que lo siguieran. Entonces, Aleska giró su silla de ruedas con rapidez, como si fuera su escudo giratorio, y dijo: “¡Vamos, equipo! Hay una aventura que no podemos dejar pasar”. La mamá y papá sonrieron, felices de ver a Aleska tan decidida.
El perrito los llevó hasta unas casas cerca del parque. De repente, en una casa con una puerta roja apareció un niño pequeño. “¡Max, ahí estás!”, gritó el niño con alegría y salió corriendo hacia el perrito. Max corrió hacia él saltando de felicidad.
Aleska sintió que su corazón crecía de alegría. Había ayudado a Max a regresar a su casa. Papá la abrazó y dijo: “Eres una heroína muy valiente, Aleska. Has ayudado a un amigo sin importar nada más.” Mamá le acarició el cabello y añadió: “Tu silla de ruedas no te detiene, al contrario, ¡es tu súper vehículo!”
Sofi, muy emocionada, dijo: “¡Quiero ser como mi hermana valiente!” y le abrazó fuerte. Aleska miró a su familia y a Max y dijo con una sonrisa: “Cada uno de nosotros tiene superpoderes, solo hay que descubrirlos. El mío es ayudar y ser valiente, además de girar rápido en mi silla”.
De regreso en casa, papá les preparó un picnic en el jardín donde hablaron de todas las cosas increíbles que hacían juntos. Aleska contó cómo su silla podía girar y moverse rápido para proteger a sus amigos como un escudo, y cómo cada aventura la hacía sentir fuerte y feliz.
Esa noche, antes de dormir, mamá le contó un secreto a Aleska: “¿Sabes, pequeña guerrera? Los verdaderos superhéroes no solo tienen poderes especiales, tienen un gran corazón, como el tuyo.” Aleska cerró los ojos y pensó en todas las aventuras que podía vivir mañana y todos los amigos con los que podía ayudar.
Y así, día tras día, Aleska seguía siendo la pequeña guerrera sobre ruedas, la valiente que nunca se rendía, que siempre ayudaba a los demás con su sonrisa gigante y su corazón lleno de amor. Porque, al final, el verdadero superpoder está en creer en uno mismo y en tener ganas de hacer el bien.
Y colorín colorado, esta aventura ha terminado. Pero recuerda, cada niño y niña puede ser un superhéroe o una superheroína, solo hace falta ser valiente y amoroso, como Aleska.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.