Había una vez, en un pequeño y nevado pueblo de Rusia, un niño llamado Demyan. Era un niño curioso con grandes ojos que siempre estaban llenos de asombro. Vivía con su familia en una casita de madera al borde del bosque. Era una época difícil, pues el país estaba en medio de una revolución, y la vida en el pueblo había cambiado mucho.
Un día de invierno, mientras jugaba solo en el patio, Demyan escuchó un ruido extraño que venía del bosque. Era un crujido suave, como si alguien estuviera pisando la nieve fresca. Demyan, intrigado, decidió investigar. Se puso su abrigo y sus botas, y se adentró en el bosque, siguiendo el sonido.
A medida que avanzaba, la nieve crujía bajo sus pies y el viento soplaba suave, haciendo bailar los copos de nieve a su alrededor. De repente, Demyan vio algo que le llamó la atención. Entre los árboles, había una figura oscura que se movía lentamente. Parecía un hombre, pero algo en su forma no era del todo normal. Demyan sintió un escalofrío, pero su curiosidad fue más fuerte que su miedo, así que decidió seguir a la figura.
La figura se deslizaba por el bosque, y Demyan la siguió a una distancia segura. Después de unos minutos, la figura se detuvo frente a una antigua cabaña abandonada. Demyan se escondió detrás de un árbol y observó cómo la figura entraba en la cabaña. Desde su escondite, pudo ver luces que parpadeaban a través de las ventanas cubiertas de escarcha.
Demyan esperó unos momentos y luego se acercó sigilosamente a la cabaña. Con cuidado, se asomó por una ventana y lo que vio lo dejó sin aliento. Dentro de la cabaña, había un grupo de personas sentadas alrededor de una mesa, discutiendo en voz baja. En el centro de la mesa había un mapa del pueblo y varias velas encendidas que proyectaban sombras inquietantes en las paredes.
Mientras observaba, una de las personas se levantó y se dirigió hacia la puerta. Demyan se escondió rápidamente detrás de un montón de leña, su corazón latiendo con fuerza. La puerta se abrió y la figura salió de la cabaña, mirando a su alrededor como si estuviera buscando algo o alguien. Después de unos momentos, volvió a entrar, cerrando la puerta detrás de él.
Demyan decidió que era hora de regresar a casa. Sin hacer ruido, se alejó de la cabaña y corrió de vuelta por el bosque. Al llegar a su casa, estaba tan agitado que su madre, preocupada, le preguntó qué había pasado. Demyan, aún nervioso, le contó lo que había visto. Su madre lo abrazó y le dijo que no debía volver a acercarse a esa cabaña.
Esa noche, Demyan no pudo dormir. No dejaba de pensar en lo que había visto y en quiénes eran esas personas. ¿Por qué estaban en una cabaña abandonada en medio del bosque? ¿Y qué planeaban hacer con el mapa del pueblo? Demyan sabía que debía averiguar más, pero también sabía que debía tener cuidado.
Cuando el sol se puso y el pueblo quedó en silencio, Demyan y sus amigos se reunieron cerca del borde del bosque. Armados con linternas y mucho valor, se adentraron en la nieve siguiendo el camino que Demyan había tomado el día anterior. Al llegar a la cabaña, se escondieron entre los árboles y observaron.
Esta vez, la cabaña estaba oscura y silenciosa. Decidieron acercarse con cuidado. Al llegar a la puerta, Demyan la empujó suavemente y, sorprendentemente, se abrió sin hacer ruido. Entraron uno a uno, intentando no hacer el menor ruido. Dentro, encontraron el mapa del pueblo aún sobre la mesa y las velas apagadas. No había señales de las personas que Demyan había visto.
Mientras investigaban, uno de los amigos de Demyan encontró un diario viejo escondido bajo una tabla suelta en el suelo. Al abrirlo, descubrieron que pertenecía a un hombre llamado Ivan, quien había vivido en la cabaña hacía muchos años. El diario hablaba de secretos escondidos en el pueblo, de túneles subterráneos y de un tesoro perdido que Ivan había intentado encontrar.
Demyan y sus amigos leyeron el diario con gran interés. Estaban emocionados y aterrados al mismo tiempo. Decidieron seguir investigando, pero sabían que debían ser cautelosos. Volvieron a casa prometiendo que regresarían a la cabaña al día siguiente para buscar más pistas.
Esa noche, Demyan tuvo sueños inquietantes sobre el hombre de la cabaña y los secretos del diario. Al día siguiente, después de la escuela, volvieron a la cabaña. Esta vez, trajeron herramientas para excavar y linternas más potentes. Pasaron horas buscando en cada rincón de la cabaña, pero no encontraron nada más.
Finalmente, uno de los amigos de Demyan, Luka, notó algo extraño en una de las paredes. Al golpearla, sonó hueca. Decidieron abrir un agujero y, para su sorpresa, encontraron un pasadizo secreto. Sin pensarlo dos veces, entraron en el pasadizo, que los llevó a una serie de túneles oscuros y fríos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.