Cuentos de Terror

La Noche de los Susurros

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Era una noche oscura y tormentosa en un pequeño pueblo mexicano, donde la niebla se deslizaba entre las calles y las luces de las casas titilaban como estrellas perdidas. Alice, Solar y Chris, tres amigos inseparables, estaban a punto de vivir una experiencia que cambiaría sus vidas para siempre. Desde hacía semanas, habían estado escuchando historias sobre un monstruo que merodeaba en el bosque cercano, un lugar al que nadie se atrevían a ir después de caer la noche.

Las leyendas hablaban de un ser oscuro conocido como “El Nahual”, una criatura que podía transformarse en cualquier cosa que temieran sus víctimas. Los ancianos del pueblo decían que había sido un hombre que había vendido su alma al diablo y que ahora vagaba por el bosque buscando venganza. Con cada historia, el miedo se apoderaba de los corazones de los niños, pero también despertaba su curiosidad. “¿Qué tal si vamos a comprobarlo?”, propuso Solar una tarde en la escuela, desafiando a sus amigos.

“No sé, Solar. Lo que dicen de ese lugar me da miedo”, respondió Chris, su voz temblorosa. Alice, sin embargo, se sentía intrigada. “Si somos valientes, quizás podamos enfrentarlo. Además, somos tres. No puede ser tan aterrador”, sugirió, tratando de animar a sus amigos.

Finalmente, después de mucho debate, acordaron que esa misma noche irían al bosque. La emoción y el miedo se mezclaban en el aire mientras se preparaban. Cada uno de ellos llevaba una linterna, una cuerda y un par de bocadillos para el camino. Antes de salir, su madre les había advertido que no se adentrasen demasiado en la oscuridad, pero los niños estaban decididos. La curiosidad era más fuerte que el temor.

Cuando llegó la noche, la tormenta había pasado, dejando un aire fresco y húmedo. Los amigos se reunieron en la entrada del bosque, donde los árboles se alzaban como gigantes en la penumbra. “Esto se siente como una película de terror”, dijo Chris, mientras encendía su linterna. “No te preocupes, solo sigamos juntos”, respondió Solar, tratando de sonar valiente.

A medida que avanzaban, el bosque parecía cobrar vida. Los crujidos de las ramas y el susurro del viento les daban escalofríos. “¿Escucharon eso?”, preguntó Alice, mirando a sus amigos. “Solo son los árboles”, respondió Solar, aunque él también sentía una punzada de miedo.

De repente, un grito desgarrador resonó en la oscuridad. Era como si alguien estuviera en peligro. “¿Qué fue eso?”, preguntó Chris, paralizado por el miedo. “No lo sé, pero debemos averiguarlo”, dijo Alice, con una mezcla de determinación y pavor. Sin pensarlo dos veces, se adentraron más en el bosque, siguiendo el sonido.

Mientras se acercaban, la luz de la linterna comenzó a parpadear, y el aire se volvió más frío. “Esto no me gusta”, murmuró Chris. “Deberíamos volver”. Pero Alice, siempre valiente, dijo: “No, tenemos que ayudar. Puede que alguien necesite nuestra ayuda”.

Finalmente, llegaron a un claro donde encontraron a un hombre en el suelo, cubierto de hojas y suciedad. Tenía un aspecto desaliñado y asustado. “¡Ayúdenme!”, gritó. “¡El Nahual está detrás de mí! ¡No me dejará escapar!”. Los ojos de los amigos se abrieron con horror. “¿El Nahual?”, preguntó Solar, asustado. El hombre asintió frenéticamente. “Sí, debe irse antes de que llegue”.

De repente, una sombra oscura emergió del bosque, y los niños sintieron un escalofrío recorrerles la espalda. “¡Corran!”, gritó el hombre mientras se levantaba y comenzaba a huir. Pero antes de que pudieran reaccionar, el Nahual apareció ante ellos. Su forma era una mezcla de humano y bestia, con ojos rojos que brillaban en la oscuridad y garras afiladas como cuchillos.

Chris, paralizado por el miedo, no pudo moverse. Alice, en cambio, gritó: “¡No! ¡No te lo lleves!”. Pero el Nahual se abalanzó sobre el hombre, atrapándolo con una de sus garras y levantándolo del suelo. El grito del hombre se ahogó en el aire mientras la criatura desaparecía en la oscuridad, llevándolo con ella.

El horror llenó el corazón de Alice y Solar. “¡Debemos irnos! ¡Ya no hay nada que hacer aquí!”, gritó Solar, mientras arrastraba a Chris. Los tres amigos comenzaron a correr, sintiendo que el aliento del Nahual estaba justo detrás de ellos.

Mientras corrían, la linterna de Chris se apagó, sumiéndolos en la oscuridad. “¡No! ¡No puedo ver nada!”, chilló Chris, mientras el pánico lo envolvía. Alice, tratando de calmar a su amigo, dijo: “Solo sigue mi voz. ¡No te detengas!”.

Sin embargo, el bosque parecía interminable. Cada sombra se movía, y los árboles crujían ominosamente. Finalmente, encontraron un pequeño claro donde pudieron detenerse a recuperar el aliento. “¿Qué hacemos ahora?”, preguntó Chris, sus ojos llenos de lágrimas. “No podemos quedarnos aquí. Si el Nahual nos encuentra, también nos llevará”, dijo Solar, con voz temblorosa.

Alice miró a sus amigos, sintiéndose impotente. “No podemos volver por el mismo camino. Debemos encontrar otra salida”, sugirió, tratando de sonar optimista. Con eso, se levantaron y comenzaron a explorar el claro.

De repente, escucharon un susurro. “¡Ayuda! ¡Ayúdenme, por favor!”. Era el hombre que el Nahual había atrapado, su voz apenas un murmullo en la oscuridad. “¡¿Dónde estás?!”, gritó Solar, asomándose hacia la dirección de donde provenía el sonido. “¡No se acerquen! ¡Él vendrá por ustedes también!”, advirtió el hombre, su voz llena de desesperación.

Alice sintió un nudo en el estómago. “No podemos dejarlo ahí”, dijo, pero Chris, aterrorizado, le respondió: “¡No, no podemos arriesgarnos! ¡No podemos volver!”. El dilema se cernía sobre ellos, y el miedo se apoderaba de sus corazones.

Finalmente, la decisión fue tomada. “Debemos encontrar una forma de distraer al Nahual. Si hacemos ruido, quizás podamos salvarlo”, sugirió Solar, su voz llena de resolución. Alice asintió. “Está bien, pero tenemos que ser rápidos”.

Decidieron crear una distracción. Chris y Solar encontraron algunas ramas secas y comenzaron a golpear las piedras para hacer ruido. “¡Mira! ¡Mira hacia acá!”, gritó Solar, intentando atraer la atención de la criatura. Alice se quedó cerca del hombre, tratando de alentarlo a que se moviera.

Pero, en un instante, el suelo tembló, y el Nahual apareció en el claro, rugiendo como una tormenta. “¿Quién se atreve a desafiarme?”, preguntó con voz grave. Los amigos, asustados, se quedaron paralizados. Chris, aterrorizado, sintió que su corazón latía con fuerza. “No podemos quedarnos aquí”, murmuró, y todos comenzaron a correr en dirección opuesta.

El Nahual, furioso, los siguió. “¡No escaparán de mí! ¡Yo soy el terror de la noche!”, gritó mientras se acercaba más. Alice, con lágrimas en los ojos, se dio cuenta de que no podrían escapar por mucho tiempo. “¡No podemos seguir corriendo para siempre!”.

En un momento de desesperación, decidieron hacer una última jugada. “¡Hay que enfrentarlo!”, dijo Solar, mientras se detenía. “Si nos unimos, podemos enfrentarlo juntos”. Chris y Alice dudaron, pero finalmente asintieron. “Está bien, lo haremos”, dijo Alice, con determinación.

Cuando el Nahual llegó a su lado, se dieron la vuelta y gritaron juntos: “¡No te tenemos miedo!”. Pero el monstruo se rió. “¿Creen que unas simples palabras pueden asustarme? ¡Yo soy el fin de todo!”, respondió, mostrando sus garras afiladas.

En ese momento, el hombre que habían intentado salvar apareció entre los árboles, apenas en pie. “¡Ayúdenme!”, gritó, y en un instante, el Nahual se giró hacia él. “¡Tú! ¡Ya no hay nada que puedas hacer!”, exclamó, lanzándose hacia el hombre.

Con un grito de terror, Alice, Solar y Chris se lanzaron hacia el Nahual en un intento de detenerlo, pero la criatura era más rápida. En un instante, el hombre fue atrapado nuevamente. Los amigos sintieron el terror envolviéndolos, pero también una sensación de ira. “¡No más!”, gritó Solar, mientras corría hacia el monstruo.

En un acto de valentía, los tres amigos se unieron para intentar distraer al Nahual una vez más. Comenzaron a correr en círculos, creando un torbellino de movimientos. “¡Atráelo hacia aquí!”, gritó Alice, mientras señalaba a un árbol enorme que estaba cerca. “Si logramos que se golpee con el tronco, tal vez podremos escapar”.

Solar y Chris, con la adrenalina corriendo por sus venas, asintieron. “¡Vamos, rápido!”, exclamó Solar. Con cada vuelta, el Nahual, confundido por su estrategia, trataba de seguirlos, pero se sentía cada vez más frustrado. “¡No se escapen! ¡Son solo niños!”, bramó el monstruo, mientras sus garras rasguñaban el aire.

Alice, con una idea brillante, gritó: “¡Cuenten hasta tres y luego todos al mismo tiempo hacia el árbol!” Los otros dos asintieron. “Uno… dos… tres”, dijeron al unísono, y en ese momento, los tres se lanzaron en dirección al árbol.

El Nahual, viendo cómo se movían, se lanzó hacia ellos con furia. Pero en su prisa, no se dio cuenta de que había un pequeño tronco caído en su camino. Al tropezar con él, el Nahual perdió el equilibrio, cayendo de bruces hacia el árbol. El impacto resonó en el claro, y por un momento, el tiempo pareció detenerse.

“¡Ahora!”, gritó Chris, mientras todos se acercaban al hombre atrapado. El Nahual, aturdido por la caída, se giró para enfrentar a los tres amigos, pero el hombre ya estaba libre. Sin embargo, la mirada de furia y hambre del Nahual se centró en ellos.

“¿Creen que pueden detenerme con trucos de niños?”, exclamó, levantándose lentamente. La furia en sus ojos brillaba intensamente. Alice sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no se detuvo. “¡Sí! ¡Lo haremos! ¡Tú no nos asustarás más!”, respondió, con una determinación que ni ella sabía que tenía.

Chris, buscando algo para usar como arma, encontró una rama robusta. La levantó, sintiéndose un poco más seguro. “Si vamos a enfrentarlo, debemos hacerlo juntos”, dijo, mirando a Solar y Alice. “¡Unámonos!”.

El Nahual, sintiendo la tensión en el aire, rugió de rabia y se lanzó hacia ellos una vez más. Sin embargo, Alice gritó: “¡Ahora, a la izquierda!”. Los tres amigos giraron de inmediato, y el Nahual pasó zumbando junto a ellos. Chris, con la rama en la mano, decidió que era el momento de actuar. Se volvió y con todas sus fuerzas golpeó al Nahual en la espalda, pero el monstruo era más resistente de lo que parecía.

“¡Eso no me hará daño!”, dijo el Nahual, girándose con rapidez. “Tendrán que hacer algo mejor que eso si quieren sobrevivir”.

El clima se tornó más oscuro, y una risa escalofriante resonó en el aire. La sensación de peligro se volvió palpable, pero en lugar de rendirse, los amigos se miraron entre sí. La amistad que compartían, el valor que había crecido en ellos esa noche, era más fuerte que el miedo que sentían.

“¡Unámonos en un círculo!”, dijo Solar, y se colocaron uno al lado del otro, listos para enfrentarse al Nahual. Sabían que, aunque estaban asustados, su unión les daba fuerza. “¡Juntos somos más fuertes!”, exclamó Alice, levantando su linterna hacia el cielo.

Así, con el Nahual enfurecido frente a ellos, los amigos se prepararon para su último intento. Tenían que creer que podían vencer al monstruo, no solo por ellos, sino también por el hombre que había sido atrapado y por todo el pueblo que vivía bajo el temor de la criatura.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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