Había una vez, en un pequeño pueblo lleno de flores y árboles, una niña llamada Lola. Lola tenía tres añitos y era muy dulce y buena. Su cabello rizado parecía un mar de bucles dorados, y siempre llevaba una sonrisa en su carita. Todos en el pueblo la querían mucho porque Lola siempre ayudaba a los demás y era muy amable.
Lola asistía a la guardería, donde jugaba con sus amigos y aprendía muchas cosas nuevas cada día. Le gustaba mucho su guardería, pero sabía que pronto llegaría el momento de dejarla para ir al cole de mayores. Aunque estaba emocionada por esta nueva aventura, también sentía un poquito de nervios en su corazón.
Un día, su mamá le dijo: «Lola, mañana es un día muy especial. ¡Empiezas el cole de mayores! ¿Estás lista?»
Lola asintió con una gran sonrisa y dijo: «¡Sí, mamá! Estoy muy emocionada.» Pero en el fondo, también sentía mariposas en el estómago.
Esa noche, Lola preparó su pequeña mochila con mucho cuidado. Metió sus colores favoritos, un cuaderno y un peluche que siempre la acompañaba. Su mamá le leyó un cuento antes de dormir y le dio un beso de buenas noches. Lola cerró los ojos y soñó con su nuevo cole, lleno de aventuras y amigos por descubrir.
A la mañana siguiente, Lola se despertó temprano. Se puso un vestido bonito que había elegido con su mamá y desayunó sus cereales favoritos. Luego, agarró su mochila y, con una mezcla de emoción y nervios, salió de casa de la mano de su mamá.
Cuando llegaron al cole, Lola vio a muchos niños y niñas entrando por una puerta grande decorada con globos y banderines de colores. Había maestras sonrientes que les daban la bienvenida a todos. Lola respiró hondo y entró al cole con paso decidido.
Dentro del cole, todo era nuevo y emocionante. Las paredes estaban llenas de dibujos y letras, y había muchas mesas y sillas pequeñas para los niños. Una maestra llamada María se acercó a Lola y le dijo con una sonrisa: «¡Hola, Lola! Soy la maestra María. ¡Bienvenida a tu nuevo cole!»
Lola sonrió y sintió que todos sus nervios se desvanecían. La maestra María la llevó a su aula, donde conoció a otros niños que también estaban empezando el cole. Algunos parecían un poco nerviosos, pero todos estaban felices de estar allí.
Durante el día, Lola y sus nuevos amigos hicieron muchas cosas divertidas. Pintaron con colores brillantes, jugaron con bloques de construcción y escucharon cuentos emocionantes. Lola se dio cuenta de que el cole de mayores era un lugar maravilloso donde podía aprender y divertirse al mismo tiempo.
Un día, la maestra María les enseñó una lección muy importante sobre los valores. Les explicó que ser amable, compartir y ayudar a los demás eran cosas muy valiosas que hacían que todos se sintieran felices y seguros. Lola escuchó con atención y decidió que quería ser una niña que siempre mostrara esos valores.
En el recreo, Lola vio a una niña llamada Ana que estaba sola y parecía triste. Recordando lo que había aprendido, Lola se acercó a Ana y le dijo: «¿Quieres jugar conmigo?»
Ana levantó la vista y sonrió tímidamente. «Sí, me gustaría mucho,» respondió. Así, las dos niñas comenzaron a jugar juntas y se convirtieron en grandes amigas. Lola se sintió muy feliz de haber ayudado a Ana y de haber hecho una nueva amiga.
Con el tiempo, Lola se hizo muy querida en su cole. Siempre estaba dispuesta a ayudar a sus compañeros y a compartir sus juguetes. Todos los niños la admiraban y querían ser sus amigos. La maestra María estaba muy orgullosa de Lola y le decía que era un ejemplo para todos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.