Había una vez un granjero llamado Nero que vivía en una hermosa granja llena de animales. Cada día, Nero trabajaba muy duro cuidando de su granja y de sus queridos animales. Pero había una parte especial de su rutina que él siempre esperaba con ansias: darles las buenas noches a todos sus amigos animales antes de irse a dormir.
Una noche, después de un largo día de trabajo, el granjero Nero se puso su chaqueta y su sombrero y salió de su casa para comenzar su ronda de buenas noches. El cielo estaba lleno de estrellas y la luna brillaba con suavidad, creando una atmósfera perfecta para dormir.
Primero, Nero se dirigió al pequeño establo donde dormía su perrito fiel. El perrito ya estaba acurrucado en su camita, con los ojos medio cerrados y a punto de quedarse dormido. Nero se acercó despacito y, con una voz muy suave, le dijo: «Buenas noches, perrito». El perrito levantó la cabeza, movió la cola y respondió con un suave «bau, bau». Nero le acarició la cabeza y siguió su camino.
Luego, Nero caminó hacia el granero donde el gato se encontraba en su rincón favorito, sobre una pila de heno. El gato estaba enrollado en una bola, ronroneando suavemente. Nero se acercó y susurró: «Buenas noches, gatito». El gato abrió un ojo, estiró una pata y contestó con un «miau» antes de volver a su sueño.
Más adelante, Nero llegó al estanque donde los patitos ya estaban acomodados uno junto al otro, con sus plumitas esponjosas. «Buenas noches, patitos», dijo Nero. Los patitos emitieron unos suaves «cuac, cuac» y Nero sonrió al verlos tan tranquilos.
En el corral, los cerditos ya estaban metidos en su pajar, cubiertos de paja hasta las narices. Nero se agachó y dijo: «Buenas noches, cerditos». Los cerditos respondieron con unos gruñidos suaves, «oink, oink», y Nero se levantó con una sonrisa.
Las gallinitas en su gallinero estaban ya acomodadas en sus perchas, con las plumas esponjadas. Nero abrió la puerta del gallinero y susurró: «Buenas noches, gallinitas». Las gallinitas respondieron con unos leves «cloc, cloc» y movieron sus cabecitas somnolientas.
Cerca del estanque de los patitos, estaban las ranitas en sus nenúfares. Las ranitas estaban tranquilas y algunas ya estaban cerrando sus ojitos. «Buenas noches, ranitas», dijo Nero en voz baja. Las ranitas croaron suavemente en respuesta, «croac, croac».
Después, Nero se dirigió al campo donde las ovejitas estaban acurrucadas en un círculo, todas juntas para mantenerse calientes. «Buenas noches, ovejitas», dijo Nero con cariño. Las ovejitas balaron suavemente, «bee, bee», y Nero sintió una gran paz en su corazón.
No muy lejos de allí, en el establo, la vaca Lola estaba ya tumbada en su cama de paja. Lola era una vaca grande y amable, siempre dispuesta a dar leche fresca. «Buenas noches, Lola», dijo Nero. Lola levantó la cabeza y emitió un suave «muuu» antes de cerrar los ojos nuevamente.
El siguiente en la lista era el caballo, que estaba en su establo. El caballo relinchó suavemente cuando vio a Nero acercarse. «Buenas noches, caballito», dijo Nero mientras acariciaba el suave cuello del caballo. El caballo respondió con un suave relincho, «hii, hii».
Cerca del caballo estaba el burrito, un animal siempre dispuesto a ayudar en la granja. «Buenas noches, burrito», dijo Nero. El burrito movió sus largas orejas y emitió un suave «ii-aah» antes de volver a su posición de descanso.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.